Archivo de la categoría: Momentos de Culto

MountainBike en el desierto de Atacama

Cuando me inicié en el mountain bike el primer desafío que me encontré en las redes sociales fue el Atacama Challenger, creo que era la 1a edición; se lo comenté a los amigos con los que pedaleaba por ahí por el año 2013, no tuve mucho quorum y la verdad es que sabía que se trataría de una odisea de grueso calibre, por lo que las ganas de cumplir el objetivo se disolvieron.

Con el paso de los años fui testigo de como varios compañeros de entrenamiento se la fueron jugando, completando el desafío también conocido como ATACH.

A comienzos de este año, sin tenerlo ni siquiera en mis pensamientos apareció la oportunidad de ir, mi amigo y entrenador Ricardo López me llamó para decirme que tenía una inscripción de una alumna que por razones de trabajo no podría asistir.  Piénselo, me dijo…y lo hice.  Al cabo de uno o dos días tenía la respuesta.  No era una decisión sencilla, por varias razones.  Había entrenado poco o nada, suelo evitar pedalear en los horarios donde el sol se hace más intenso y sabía que se trataba de un desafío extremo.

Mi esposa me instó a tomar el reto, lo que significaba que tenía todas las bendiciones necesarias para hacerlo, sobre todos los tan escasos bicipuntos xD.

Cuando le comuniqué mi decisión a Ricardo, me indicó quien me cedería la inscripción.  Me puse en contacto con Beatriz Godoy, quien había asistido a todas las versiones de ATACH y que este año, por un cambio de trabajo le sería imposible viajar.  La Bea desde el primer día que hablamos me fue dando tips y transmitiendo la alegría que significaba que pudiera correr por ella.

Hice los trámites de rigor, compré los vuelos y gestioné el arriendo de un hostal y lo más importante una vez aceptado el desafío, comencé a entrenar.  Preparamos sesiones de intensidad y trabajo específico, tuve además la suerte y como si fuera poco, de ganarme una inscripción al Gran Fondo Merrell Portillo, según los pronósticos del coach sería una carrera que me haría sufrir bastante pero que aportaría en buena base a la preparación del objetivo principal.

Los días avanzaron con la rapidez habitual y ya estábamos ad portas de tener que viajar, por las noticias me enteré de una huelga a nivel nacional de los trabajadores de LATAM, lo que comenzó a generar una serie de cancelaciones de vuelos y reprogramaciones, de una u otra forma ponía en duda la opción de materializar el viaje.  Finalmente, me cambiaron de línea aérea y llegué a Calama, para rápidamente dirigirme a San Pedro de Atacama.

Ya instalado en el hostal campo base (lugar más que recomendado, sobre todo si viajas en solitario) y según lo planificado nos encontramos con Eduardo Ibaceta, un amigo de los tantos que me ha dado este hermoso deporte. Armamos las bicicletas, retiramos los KIT y fuimos a pedalear “suave” por el camino que lleva al paso fronterizo con Argentina.San Pedro de Atacama

La Bea nuevamente comienza a jugar un rol importante en esta locura, además de darme su inscripción, me fue entregando tips día a día de como ir llevando a cabo cada etapa, consejos sabios y bien intencionados, viniendo además de una ciclista que estuvo en todas las ediciones precedentes, por lo tanto, sus consejos tenían sustento en esos kilómetros y kilómetros de terreno desértico que la empolvaron y la hicieron sufrir en el pasado.

Una cazuela en la picada “Las delicias de Carmen”, charla técnica, a descansar y a ver los últimos ajustes de la bicicleta, el camelback, los geles, etcétera.

Día 1: viernes 27 de abril.  Amanecí muy congestionado y con algo de jaqueca, debió ser que mi cuerpo aún no se aclimataba a la altura.

En fin, los nervios del primer día, del terreno desconocido, la ansiedad por saber como será el desempeño y la sugestión provocada por quienes te decían que la altura sería el rival más complejo de superar.  Todo lo anterior fue cierto, un terreno maravilloso pero hostil, un sol potente que nos acompaño por suerte de manera intermitente.  El trabajo sobre la bicicleta era pedalear y pedalear, mantener el equilibrio y el ritmo en las dunas que se cruzaban por todo el camino.  Comenzamos a las 9:30 a 2.400 metros sobre el nivel del mar y terminamos a casi 4.000, en un tramo que no superó los 33 kilómetros en dirección específicamente a las faldas del volcán Licancabur.  Fue una jornada completa, que me demostró que estoy más que vivo, ya que por momentos quise abortar misión, en tramos el trabajo físico era tan brutal que tuve deseos de vomitar.  Vi competidores tirados en el suelo, acalambrados, exhaustos, casi sin poder respirar.  Ya en la meta y luego de 3:23 hrs, me invadieron una serie de emociones, recordé los consejos más certeros, pensé a mi esposa e hijo, se me cayeron un par de lagrimones (gracias a los lentes de sol, pase piola).  Me encontré con Charles Rivera, conversamos, nos sacamos un par de fotos y comenzó la felicidad y el orgullo de haber cumplido en buen tiempo un desafío al límite.

El premio post ducha fue un sabroso Pollo a lo pobre y una michelada en la “Picada del Indio” .  Amena conversación con el Edu, orgullosos, pero muy cansados.

Por la noche, viendo el resumen del día y en la charla técnica pude constatar que no fui el único que se emocionó en la meta.  Puede que la altura haya provocado ciertos grados de sinceridad y emotividad en muchos amigos que abiertamente contaban que se le salieron sus lagrimones al llegar a la meta.ATACH Etapa1

Día 2, sábado 28 de abril.  Haber superado el día previo te hacia pensar que cualquier cosa que viniera no podría ser peor, esta misma afirmación se oía de los que ya habían realizado el desafío en años precedentes.  En esta oportunidad nada de eso fue cierto, el segundo día para mi fue el más rudo desde el punto de vista físico y mental.  Doble kilometraje y casi la misma altimetría acumulada del día anterior, el doble de tramos con dunas por todo el camino y un sol, ¡porque sí que hubo sol y mucho calor!, sobre todo cuando cruzamos el Llano de la paciencia.  Hubo un par de esas subidas que tienes que ir agarrado a la bici, cargando el peso corporal hacia el manillar y apenas sentado en la punta del sillín, ¡claro! en el mejor de los casos porque de lo contrario no quedaba más que tirar cuesta arriba caminando, cargando la bicicleta como mejor se pudiera.

¡Pero que injustas mis anotaciones! el paraje era ni más ni menos que la misma garganta del diablo, el valle de la muerte y la quebrada de los tambores.  Sin duda lugares maravillosos, que te hacen sentir que estas en otro planeta, esto sumado a la notoria falta de oxígeno por efecto de la altura.

4:39 horas de carrera, me ubique en la posición Nº275 de cerca de 1.000 corredores en total.Valle de la muerte

Día 3, domingo 29 de abril.  Los días previos no quede mal, sino que muy mal encajonado, sumado que a los Master B y posteriores, nos tenían en un segundo grupo, a unos 50 metros de la partida, de hecho, esto implicaba diariamente 1:30 minutos desde la largada hasta que pasaba por el pórtico.    El tercer día quede un poco mejor encajonado, pero como la cosa hay que sufrirla, el hecho de haber sacrificado presión de aire con el fin de lograr una buena adherencia en el terreno suelto, el ruteo sobre el asfalto hasta el “Valle de la Luna” se me hizo caótico, una vez en tierra pude agarrar ritmo y seguimos poniéndole con todo lo que tenía.

Para atravesar el místico valle había que trepar un buen asenso por camino ancho pedaleable, luego lo típico, una bajada de terreno arenoso y muchas piedras sueltas…kilómetros de desierto y volvimos a cruzar hasta el valle de la muerte, incluso atravesamos en sentido contrario por lugares que habíamos aplastado el día anterior.  Los últimos kilómetros eran bastante planos, sin embargo, apareció un obstáculo que no pensé que me iba a intentar frenar la marcha, un viento cruzado hizo que el cansancio se volviera intenso y como siempre, una vez más tuve la fortuna de colarme de un grupo que iba trabajando en relevos, me sume a chupar rueda y a tirar con ganas, con ganas de terminar, con ganas de finalizar el desafío, de comenzar a saborear el triunfo personal.  En meta feliz, abrazado al grupo de compedales con los que hice los últimos kilómetros.  Pura emoción.

Momentos épicos para contar, momentos épicos para recordar y por sobre todo, para sentirse orgullosos de haber superado.ATACH2018

TAR2017 – Un desafío al límite

La organización

Antes que todo para la organización: aplausos y más aplausos, decir que fue perfecto es justo y decir que fue un placer es más emotivo.   Agradecimientos miles a cada de una de las personas que alentó, que grito, que cariñosamente te brindaba un sorbo no tan sólo de agua sino de ánimo para seguir enfrentando los desafiantes caminos que nos llevarían a alcanzar la meta, a alcanzar por esta vez la gloria.  Mis respetos a todos esos valientes competidores que tuvieron la fortaleza y determinación de culminar las 3 etapas.
 
Terra Australis MTB Race (#TAR2017) con sede en Punta Arenas es la carrera más austral del continente americano, si bien el otoño recién comienza en la Patagonia, el frío, el hielo, el barro y las interminables piscinas de agua a medio camino son el condimento que acompaña cada sendero, cada ruta recorrida.  Las jornadas comenzaban con una temperatura nunca superior a los 2ºC y una máxima ya avanzada la mañana cercana a los 10ºC. 

No quiero parecer injusto y no hacer reverencia al lugar, porque poder contemplar los bosques otoñales de ñirres, las bandadas que sobrevolaban la península Brunswick, los ríos australes que se cruzaban una y otra vez (a menos que hayan hecho un circuito zigzagueante a propósito jajaja), e incluso esa panorámica al estrecho de Magallanes que nos deleitó día tras día, eran sin duda un regalo, un impulso a seguir pedaleando por lugares maravillosos.

Día 1

El primer día pagué varios noviciados, derechamente varios errores.  Primero que todo me abrigue más de la cuenta, y es que el hombre es un animal de costumbre y la ropa en exceso comenzó a molestar en la 1ª media hora. Ya pasados los primeros 45 minutos de carrera de ansioso y emocionado que iba seguí la rueda de otro corredor omitiendo el marcaje del circuito, bajamos por un sector trazado como senderos de Chile en medio de la Reserva Magallanes, una bajada que era un manjar y que termino en una quebrada sin línea para continuar, chuta ¡estábamos perdidos!, no quedaba más que devolverse y junto a otro rider animamos al grupo porque ya éramos 7, tal vez 8 los extraviados y nadie estaba alegre; en definitiva nos restó un poco menos de 15 minutos (lo confirmé en Strava).  A tomar nuevamente la ruta, a seguir trabajando y hacerse paso entre los deportistas que iban rezagándose por diversos motivos.  Adelantar y adelantar camaradas era alentador en términos competitivos, sin embargo, aún quedaba mucho barro por aplastar fuera con las zapatillas o en el intento con los ruedas de la bici, las piernas y la exaltación comenzaron a pasar la cuenta, llevaba más de 3 horas de carrera y ya quería tele transportarme a la China, una vez que salimos del bosque bajamos hacia la costanera en dirección a La Leñadura, específicamente a un recinto de la CAAF Los Andes, en la medida que me acercaba podía oír la música y la voz del “animoso animador”, pero para llegar a la meta quedaba un último esfuerzo una escalada de no más de 30 metros a la que le eche un par de chuchadas, y al fin después de más de 4 horas y media pase por meta.  58km de recorrido y un ascenso de 1.400 metros ya eran historia.  Pese al frío y a estar muy mojado, me acerque el quincho, pedí un choripán y lo acompañe de una cerveza bien helada, necesitaba un premio y rápido, esto último se convirtió en un ritual al finalizar las 3 etapas.

Día 2

El segundo día, fue tal vez el más amigable pero no por eso menos desafiante.  En el encajonamiento pudimos notar que no se presentaron todos los corredores, éramos como un pueblo chico, en esta segunda etapa las caras ya comenzaban a ser todas medianamente conocidas, saludando y estrechando la mano con quienes el día anterior nos tocó compartir el cronometro en algún punto de la Patagonia, y sino reconocías la cara porque iba tapada con un buff, reconocías la bicicleta.  Esta convivencia además de necesaria fue oportuna porque debimos cruzar varios campos separados por alambrados o portones que de seguro no fueron liberados a propósito, uno se trepaba y el otro le pasaba la bicicleta, una vez aterrizadas las maquinas podíamos continuar con la aventura.  Cruzamos la pampa patagónica, un cementerio de robles y comenzamos a bajar hacia la meta por un bike park natural de a los menos 2 kilómetros, una delicia.  Unos metros más abajo, un túnel azul, 4 horas y media de tiempo transcurridos, 59 kilómetros de distancia, de magia y una escalada acumulada de 1.400 metros para alcanzar una vez el túnel azul, la meta.
 
En lo personal considero que en el desarrollo de la competencia tenías 2 alternativas, o te entregabas de lleno a hacer carrera y buscar tu mejor resultado lo que de seguro te privaría de contemplar más detalles de los permite la vista fija en el recorrido o bien hacer una mezcla de las anteriores, pero sin mayor énfasis en el aspecto competitivo.  No obstante, para ambas era muy necesario asumir con humildad las condiciones del entorno, en lo personal es algo con lo que comulgue recién al tercer día, un aprendizaje un tanto a la fuerza, como esas cosas que uno nunca aprende a la buena.

Día 3

Un nuevo amanecer con vista marina y ya estábamos en la etapa reina como le llamo la organización.  Asumo que la denominación se debe a que fue la jornada más extensa y ruda, 70km de distancia y 1.800 metros de escalada.  La mañana más helada de todas, largamos en un ruteo controlado y el viento nos hacía resistencia, una vez liberados se armaron los grupos, las líneas que buscaban esquivar la ventolera, aunque fuera un poco.  Camino ancho y se nos viene el primer cruce al río, pedalearas o caminaras los pies no se salvaban del agua (lo que se repitió al menos unas 7 u 8 veces durante la jornada), comenzó la escalada por unos 7 kilómetros más y nos adentramos al parque, podía sentir como se quebrajaba el hielo con el paso de las ruedas, la escarcha en 360º no sólo parecía castigarnos por destruir su gracia, sino que parecía haberle arrebatado el color al bosque.  Más ñirres, más de esa fauna inquieta que revoletea y se esconde, troncos cruzados en medio del camino y vamos levantando la bici, una vez más y el ejercicio se hace con mayor agilidad, en el abastecimiento te alientan, te gritan, te empujan y aunque parezca gracioso te dan señales de que, aunque creas que estas en medio de la nada, también hay vida humana y no estás perdido.  Llevaba 4:20 horas de carrera, pasaba a metros de la meta, sin embargo, aún faltaba un desvío con 5 kilómetros de asenso brutal hacia las antenas del Cerro Mirador en el Club Andino, el premio era la bajada zigzagueante, líneas tapizadas en tablas y saltos incluidos.  La etapa la compartí junto a un nuevo amigo (JP), nos conocimos en carrera y resulta que es de Melipilla, de la ciudad que me vio crecer y donde viven mis padres.  Pese al cansancio acumulado fue mi mejor día en cuanto a rendimiento, de mejores sensaciones, de mayor disfrute.  Se termina el bosque y aparece el túnel azul, una vez más el “animoso animador” me anuncia, levanto los brazos, la mirada al cielo, doy las gracias.

Post escrito para MundoBikes

Ruta del Condor

Hay que madrugar

Son las 4:20 A.M. el despertador cumple su función, un estiramiento espontáneo se convierte en el primer movimiento muscular del día.  Despierto a Bruno que primeramente se niega a despertar, aunque apenas toma un ínfimo grado de conciencia con mucha energía se levanta de la cama, él también lo sabe, él también vibra tanto o tal vez más que yo con los privilegios de la naturaleza y de nuestro deporte.  Las mochilas preparadas desde el día anterior con el abastecimiento necesario tanto en alimentos, ropas, como en set de herramientas para eventuales fallas o problemas técnicos de la bicicleta, un buen desayuno y partimos.
La cita es a las 6:00 A.M., el grupo de entusiastas y experimentados mountain bikers reunidos esperando a que nos recoja el transporte que nos acercará a las montañas, hoy vamos a conquistarlas.  Cargamos las bicicletas con todo el cuidado que se merecen en el carro externo del bus, subimos a nuestro transporte tal como lo harían un grupo de niños de escasa edad, con la misma emoción, con el mismo brillo en los ojos sabiendo que se nos viene un aventura maravillosa.

El comienzo por tierras montañosas

Nos adentramos en la localidad de El Alfalfal a una altura de 1.330 metros sobre el nivel del mar en la comuna de San José de Maipo, el punto de partida ya es un lugar hermoso, cuenta con la presencia imponente de las montañas, de pronto me siento un tanto amenazado, tal vez un poco temeroso y dudoso acerca de si podré conquistar este desafío.  Ya estamos y el entusiasmo es mayor, el reto tiene componentes místicos y el grato ambiente que se percibe en el grupo hace que me vuelva más valiente, me siento muy acompañado.

A buen ritmo vamos penetrando los cerros y alcanzando una buena altura, el camino es noble y ancho, nos regala tempranamente unas vertientes que lo atraviesan, tomo contacto con el agua, salpicándome hacia el cuerpo -es un regalo. El sol aún es muy joven, pero cada vez más estamos más cerca, cada vez se vuelve más tangible, como si en algún momento fuéramos a tener contacto directo, sé que esto es un imposible, pero escribo desde las sensaciones que me fueron albergando en el camino.  Como publicó un amigo y compañero en esta aventura en un post de Facebook, “definitivamente esta ruta es mágica” y dicha mención me es totalmente cercana y cierta, me siento embriagado en silencio, la naturaleza con todo su esplendor, las montañas junto al mar son el pilar de su fuerza, de su impresionante belleza, a pesar de que nuestra civilización la ha maltratado y abusado, esta sigue maravillándonos, encantándonos con su hermosura, por momentos se bloquean los pensamientos y entro en un estado de meditación, de contemplación profunda.

Los rayos del sol me abrazan con fuerza, mis piernas bajo la inercia continúan con ese movimiento circular tan inherente al buen pedaleo, una suave brisa refresca mi frente y trato de seguir el paso del viento en su avanzada, en su fugaz presencia, se escapa y me saluda desde el horizonte sacudiendo las hojas de los árboles, es mágico, es perfecto, es tan sutil que en otra ocasión podría pasar desapercibido, estos detalles animan mis sentidos, momentos de culto; el perfume de una hierba se apodera de mi olfato y en consecuencia de mi pensamiento tratando de recordar su nombre, no logro identificarlo, no es hinojo, no es la hoja preferida de los conejos, pese a que en el camino se pueden ver innumerables madrigueras dejando de manifiesto que este hábitat les pertenece y que tan sólo nos invitan a recorrerlo y en nuestra calidad de invitados a respetarlos y cuidarlos, el perfume verde no me abandona, me reprocho no reconocerle.

Sube que sube

En la medida que el camino se vuelve más exigente el grupo se va deteniendo hasta completar hasta el último entusiasta que por razones sin importancia se va rezagando, un pequeño descanso en el cual aprovechamos de conversar y tirar más una broma para luego continuar escalando la cuesta.

La naturaleza tiene lo suyo, la flora y la fauna son obra de la eterna maravilla, salvo los tábanos…ouch tábanos por todos lados, mordiéndome los brazos e incluso las manos atravesando el guante, un segundo de odiosidad a estos extraños insectos, aunque para ser justos ni siquiera un rasguño comparado con la majestuosa vista que tenia en 360 grados.

El asenso bordea los mil metros y nos detenemos en una de las cumbres a 2.300 m.s.n.m., es una estación reconocida y casi obligatoria, una antena eléctrica nos brinda unos centímetros de sombra, es hora de almorzar y descansar, aunque lo más destacado es la vista panorámica que nos obsequia el lugar, las sesiones fotográficas no se detienen.

Minutos más tarde continuamos pedaleando, el sol cada vez más osado te incita a esas alturas (literalmente) a acabar con las últimas reservas de agua.  Por fortuna metros más adelante pequeñas vertientes forman un diminuto caudal en el camino, el agua está sucia pero también ha de haber una minúscula quebrada que la lleve limpia y no me equivoco, sólo ante los ojos de amantes de la naturaleza se encuentra oculta una “llave” de la cual brota el mejor de los refrigerios, aprovecho de cargar mi caramagiola y bolsa de agua (camell-back), prácticamente vuelvo a nacer y me reincorporo al camino, aún quedan varios kilómetros por ascender.

Son jardines los que se apoderan del paisaje, colinas perfectas de algún tipo de mineral verde dibujan un entorno único, aunque debo reconocer que un tendido eléctrico contamina mi vista, omito esta invasión y continúo hasta un par de metros, me veo en la obligación de detenerme y decir que ante tal vista es imperdonable no tomar fotos y la tan requerida “selfie”, lo hago y continúo pedaleando.

Ruta del cóndor: Check

Misión cumplida: son 28,22 kilómetros de escalada, con gran esfuerzo llego hasta la cima a 2.541 m.s.n.m. donde ya se encuentran la mayoría de mis amigos y entre ellos mi hijo.  Que bendición poder compartir estas experiencias juntos, siento envidia de que a tan temprana edad ya pueda ser parte de estas vivencias, lo observo y sé que está disfrutando, lo veo feliz y compartiendo, siempre ansioso por ir un poco más allá, en ese instante reconozco que en nuestros corazones tenemos muchos álbumes de recuerdos muy similares al que capturamos hoy, pero siempre únicos.  Le agradezco a la vida por ese regalo, por gozar de esta suerte.  Me integro al grupo, conversamos, más fotos.

 

Los más conocedores de la ruta cuentan que la temporada para realizarla es entre los meses de noviembre y abril, es decir, únicamente en verano debido a la inclemencia del clima otoñal e invernal y los últimos fríos de primavera, dicen de manera bastante elocuente que en invierno el lugar es un campo de hielo, cubierto de blanco con una brisa que lo congela todo.

Esto aún no termina

Iniciamos el descenso y aunque se advirtió lo contrario lo hicimos a gran velocidad, una que otra colina a menor altimetría y comenzamos a despedirnos del cielo, harta piedra y harto polvo, la nostalgia del cuerpo se manifiesta a través de un agudo cansancio, me recuerda que debo tener precaución.  Para mi sorpresa aún quedan regalos, más bien el último y la magia sigue presente, cruzamos un riachuelo pedregoso, nos detenemos a tomar un descanso y a esperar al resto del grupo; inevitable era no quitarse las zapatillas y refrescarnos los pies, finalmente varios fuimos iluminados y recibimos ese impulso natural de meternos al agua.  Es algo que no tiene precio, pocos son los deportes que te premian de esta manera, esa medalla intangible vale tanto o más que las de metal.  Un último esfuerzo y ya estamos en Lo Ermita camino a Farellones, 55 kilómetros para cruzar un cordón montañoso, con todas sus exigencias y desafíos, con todo su esplendor.   Nuestra aventura comienza a formar parte de grandes experiencias, de momentos gloriosos, de momentos que no se olvidarán jamás.

JojorGe

Detengámonos un momento

La rutina ya está de vuelta, marzo es el mes del azote financiero ya que hay que pagar infinidad de obligaciones, algunas de estas tomadas sin que nadie te haya forzado pero que al momento de meter la mano al bolsillo, surge más de un lamento y/o arrepentimiento, pero como dije antes, la rutina está de vuelta y por ende más vale enfrentar con valentía a este hostil mes del año y olvidarse de aquellos asados o carretes que en las siguientes semanas deberán esperar hasta recuperar el aliento monetario.
Pero detengámonos un momento, la vida va demasiado rápido, el tiempo no perdona y como la rutina ya está de vuelta nos hace olvidar lo bien que lo hemos pasado, sí! lo hemos pasado bien, hemos tenido gratos momentos, días de fiestas como la navidad y el año nuevo, fines de semana al aire libre y las tan esperadas vacaciones.  En esto último deseo detenerme, -en la vacaciones, son y serán especiales sobre todo cuando por razones inútiles hay períodos en las que las pasamos de largo y nos quedamos en la ciudad pulsando el control remoto de la TV o encendiendo el computador para ver cuanta brutalidad nos presenta la formidable web.
Hace tan sólo unas semanas estábamos mi hijo, mi…(chuta que difícil decirlo, bueno mi ex novia, si quiere más información de esto último lea el post anterior) continuo: estábamos mi hijo (Bruno), mí en ese entonces novia (Clara) y yo veraneando en el sur de Chile, para ser más específico en Licán Ray.  Partimos la mañana (casi madrugada) de un martes, Bruno fue el encargado de darnos víveres ya que junto a él, en el asiento de atrás llevábamos un cooler con bebidas frías, sándwiches, galletas, etcétera, fue un viaje tranquilo y sin novedades al menos para mí, aunque sé y por eso la connotación es que para Bruno era un viaje especial, su primer viaje por aquellos preciosos lugares.
A través de estas líneas trataré de plasmar brevemente los mejores momentos de estas vacaciones.
Algo llamativo fue el clima, saliendo de Santiago con 33°C y luego en la novena región nos recibe una suave lluvia, nada que nos quitará el ánimo y menos que nos encerrará en la casa arrendada, nada que nos impidiera recorrer la zona y disfrutar de su hermoso paisaje. De hecho es placentero el nado bajo la lluvia, sumergido en las tibias aguas del lago Calafquen y es mejor aún cuando cae la noche; que romántica es la lluvia torrentosa por las noches, esa lluvia que parece más bien el desborde de un río bajo el techo que cubre tu hogar.
Bruno es un niño valiente con ganas de ser adulto, pero niño a pesar de su esfuerzo por no serlo, nos organizamos y los tres pudimos anotarnos para hacer rafting, el descenso por el río Trancura ofrece una experiencia maravillosa, de mucha adrenalina y emoción, de mucho paisaje verde y de constante agua sacudiendo tu cuerpo.  Imagino lo entretenido que debió ser para él, imagino como aún se cachiporrea diciéndoselo a sus amigos y por sobre todo a sus amiguitas del colegio.
El día previo al rafting estuvimos relajados en las termas, todo placentero y tranquilo, desde las piscinas de agua tibia hasta el almuerzo con vista al volcán Villarrica.
Los últimos días fuimos invitados a la “casita del lago” de unos amigos y ahí se extendieron las aventuras dado que el dueño de casa es un Max Steel fanático de los deportes extremos.  Kayak hasta que los brazos se cansaban de remar, velero cuando el clima lo permitió, Bruno y yo intentamos hacer wakeboard sin mucho resultado, creo que entre los dos nos tragamos una gran parte del lago, lo que en esos momentos no fue para nada gracioso, hoy me río.
Detengámonos un momento y disfrutemos lo que hacemos, detengámonos y saboreemos el recuerdo de los gratos instantes, momentos de culto, momentos para el recuerdo eterno, detengámonos un momento y regalémonos tiempo, obsequiémonos aventuras, distingamos la rutina de la libertad, la libertad de salir a la calle, a un cerro o a contemplar el océano, de caminar sin sentido ni dirección, detengámonos un segundo, dediquémosle tiempo a nuestro espíritu, otorguesmole tiempo a los amigos y en especial a la familia.
Etiqueto esta experiencia como un momento de culto, vacaciones plagadas de sentimiento que quedarán en la memoria de quienes ahí estuvimos.

Placer: Tan lejos y tan cerca

Ayer sábado me decidí a salir a recorrer en mi fiel Bike un sector muy místico y que no visitaba en años; fue sorprendente encontrarme con unos lugares preciosos, hay unos valles inmensos, todos luciendo unas viñas espectaculares y varias hectáreas que son sólo praderas alimentando miles de cabezas de ganado. El lugar es una localidad llamada “El Tránsito”, en la falda posterior (mirando hacia el norte) del famoso “cerro Bata”(llegando a Melipilla), eso de atrás es bien atrás porque el recorrido fue de 24.56 km.
En la medida que avanzaba en la ruta lo hacia también un cierto grado de imnósis, esto provocado por las emociones que me provocó el lugar y porque no decirlo, por el placer que me genera el campo, el aire libre, el olor a vaquitas y ese viento que te golpea en la cara; me detuve a tomar un par de fotos (cada vez que lo hacía me recordaba que debía cambiar mi cámara por una que tubiese un lente más potente); en fin.
Me llamó gratamente la atención ver en cada casa a 1 o 2 perros que eran más bien los recepcionistas del lugar y que no dejaron de saludarme durante todo mi recorrido, bueno no siempre fueron amigables, ya que un par de ellos salió tras mio con el fin de mascar mis piernas o sacarle un pedazo al neumático de mi bike jejeje, en esos momentos no me importaba el paisaje y mis piernas parecian recuperar su energía.
Esta foto fue tomada en un sector llamado “El Tránsito bajo” según lo comentado por un señor que labraba unas tierras cercanas a esta casita.
Este lugar está a minutos de mi casa y nunca nadie habla de él, haberlo visitado fue toda una inspiración y me recuerda una frase que destaque de un libro: “Los grandes placeres de la vida son totalmente gratis”.
Hasta la próxima
 
JorGe