Placer: Tan lejos y tan cerca

Ayer sábado me decidí a salir a recorrer en mi fiel Bike un sector muy místico y que no visitaba en años; fue sorprendente encontrarme con unos lugares preciosos, hay unos valles inmensos, todos luciendo unas viñas espectaculares y varias hectáreas que son sólo praderas alimentando miles de cabezas de ganado. El lugar es una localidad llamada “El Tránsito”, en la falda posterior (mirando hacia el norte) del famoso “cerro Bata”(llegando a Melipilla), eso de atrás es bien atrás porque el recorrido fue de 24.56 km.
En la medida que avanzaba en la ruta lo hacia también un cierto grado de imnósis, esto provocado por las emociones que me provocó el lugar y porque no decirlo, por el placer que me genera el campo, el aire libre, el olor a vaquitas y ese viento que te golpea en la cara; me detuve a tomar un par de fotos (cada vez que lo hacía me recordaba que debía cambiar mi cámara por una que tubiese un lente más potente); en fin.
Me llamó gratamente la atención ver en cada casa a 1 o 2 perros que eran más bien los recepcionistas del lugar y que no dejaron de saludarme durante todo mi recorrido, bueno no siempre fueron amigables, ya que un par de ellos salió tras mio con el fin de mascar mis piernas o sacarle un pedazo al neumático de mi bike jejeje, en esos momentos no me importaba el paisaje y mis piernas parecian recuperar su energía.
Esta foto fue tomada en un sector llamado “El Tránsito bajo” según lo comentado por un señor que labraba unas tierras cercanas a esta casita.
Este lugar está a minutos de mi casa y nunca nadie habla de él, haberlo visitado fue toda una inspiración y me recuerda una frase que destaque de un libro: “Los grandes placeres de la vida son totalmente gratis”.
Hasta la próxima
 
JorGe

Parapente

Volar en parapente ha sido una de las experiencias más entretenidas de mi vida, todo albergado por una sensación de libertad, de dominio y de grandeza.

Fijense en el lugar y con ello basta para imaginar lo excitante que fue el vuelo.
El deporte aventura es para mi toda una emoción, son demasiadas las experiencias que se viven, y como verán los recuerdos se mantienen frescos, es cosa de mirar un par de fotitos y ya estamos nuevamente percibiendo el “feeling”, es como revivir aquel grandioso momento.
Este vuelo fue en Maitencillo, a un par de Km de la playa principal.
Bueno en la 1ª foto estamos preparando los vuelos junto con los instructores y mi cuñado (Hugo) ….
Ah! una anécdota, el instructor es un argentino y al hablarme me decía: Eh! gordito chico …. jajaja que se creerá el %$·”&%$@
En la 2ª foto estoy en pleno vuelo ….. jeje
Hasta la próxima
JorGe

En la cima

Esta foto es de culto, en la cumbre del Horcón de Piedra a más de 2.000 mts de altura; disfrutando del paisaje, el viento golpéandonos el rostro, la nieve perfeccionando la pureza del entorno, esa nieve que combinada con una porción de wisky hace que los placeres sean cada vez más exigentes.
En este paseo hice unas fotos espectaculares, desde la falda del cerro hasta la misma cumbre, un cóndor planeando sobre nosotros, las quebradas que nos hacen sentir pequeños frente al abismo, o que nos hacen sentir poderosos si miramos hacia el cielo.
Son multiples sensaciones las que se viven ahi, son los amanceres, los atardeceres, el aire que oxigena hasta el espíritu mismo, el silencio que contagia los pensamientos y nos vuelve algo meditativos. El sacrificio corporal es un tema menor toda vez que se sabe lo que viene y hasta el mismo dolor muscular se transforma en placer.
Esta foto fue tomada el 18 de septiembre de 2005, mis compañeros de viaje de izquierda a derecha; Don Panchito, el Tuta, Yo, Luchin y Franco (mi sobrino) quien inmortalizó el momento a través de la foto.
Saludos
JorGe

[De un amor confuso a un odio eterno]

Mientras esperaba la llegada del amanecer sus ojos parecían cada vez más perdidos, no había espacio para el descanso ni menos para comer algo que le transmitiera un sorbo de energía, y así eliminar la fatiga. Con el pensamiento vago y las ideas flameando en consonancia con el viento, dejo caer una lágrima, en otra oportunidad no lo hubiese permitido, su orgullo era más potente que el dolor ingerido por la realidad, su realidad. El sol parecía reprocharle en su pesar y se negó hasta ya avanzado el día en regalarle un refugio de luz y calor. La explicación era evidente y sólo su amor perdido era el culpable de la crisis actual, todo amparado por las frases y percepciones venidas de quienes le rodeaban, lo que hacía más confusa la situación, ó tal vez era lo que inclinaba la balanza hacía la ruta de la maldad de la cual se suponía víctima.


El odio tenía rostro en su corazón y le seguía en la avenida del día a día, no había razón para el olvido, jamás habrían motivos para el perdón, su presencia no era una amenaza, e incluso de manera tácita pero no inconciente lo sabía como herramienta de defensa, aceptaba convivir con ello el resto de su vida, aunque muchas veces dudara de la sensatez de aquel perverso sentimiento.


Aquella mañana de verano había sido distinta de las demás, al menos para ella la calidez del clima no era tal y se sentía al borde de una agonía que su cuerpo no podría justificar. Se sentía abatida como si hubiese sido presa una golpiza, sus manos se volvieron torpes al igual que sus recuerdos. En ellos se veía abrazada por una alegría que le derramaba ilusiones, como lo hace el caudal que atraviesa los angostos hilos de una montaña y en su ruta refresca la tierra seca, poco a poco logro saborear el cariño que le infundía la imagen de aquel hombre, hombre que al interior de sus deseos era el dueño y por ende protagonista de sus sueños, el carismático momento la sumergió en una paz que no conocía, le hizo sentir débil pero segura, en ella pudo encarar los temores amenezantes venidos por una muestra de ternura, se aferró a la sensación y deseó permanecer en ella hasta el fin de sus días. De un momento a otro y sin una explicación determinante retomo el pensamiento original, se sintió estúpida y sacudió su cabeza como lo haría un animal con el cuerpo mojado, recordó el motivo de su angustia y se culpo por permitirse aquel transe tan imprudente ante los hechos, y que por suerte no dejaría huellas al haber sido tan efímero.


Se puso de pie y observo enrededor, estaba sola frente a un bosque de robles, se resfresgó la ropa y se quitó el pasto pegado al pantalón de buzo, a sus espaldas estaban sus compañeros de viaje, todos dormidos al interior de sus carpas, la mañana había avanzado y contaba con la compañia del sol. Caminó hacia una quebrada, lo hizo con cautela para que sus amigos no notaran su muda presencia, contempló el silencio brindado por la naturaleza y sintió la magnificencia que le ofrecía la altura, alzó los brazos como si invocara la presencia de un ser majestuoso, el viento le golpeaba la cara, cerró los ojos y miró en su interior, reconoció la precencia del miedo y del hasta ahora quieto dolor, tomo aire hasta llenar sus pulmones – ejercicio que repitió en no menos de 10 oportunidades-, cruzó los brazos y se abrazo a si misma como si el calor esperado le fuese a arrancar la tristeza, entre las líneas que nutren su corazón de sangre navegaba un mensaje, lo sabía y de solo temor lo evitaba, lo había escuchado pero de su voz sólo provenían sentimientos nubosos. Dió un paso atrás e incito a su memoria para que le devolviera el deseo, a pesar de lo breve que fue aquel delirio el rostro del hombre se apodero de su mirada ciega, ella le habló como si él estuviese presente, y sin más mediaciones le susurro al oído, le hablo de su amor, le hablo de un deseo, deseo inconcluso, deseo inherte entre los vivos, finalmente le dijo: “te amaré en silencio y lo haré a escondidas, te amaré de tal manera que ante los ojos de mis amigos y parientes te odiaré hasta la muerte, te amaré oculta de mi misma porque ni siquiera mi alma me permite hacerlo, te amaré a pesar de que me diste esperanzas y me las arrebataste sin esmero, te amaré porque el amor es ciego, pero con el tuyo le dibujé un rostro y pude conocerlo, de un amor confuso a un odio eterno y lo llevaré conmigo hasta la muerte”.




Escrito por Jorge Eduardo Rojas
Sábado 10 de febrero de 2007
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