Todas las entradas por jojorge

Un tipo disperso con ganas de hacer muchas cosas y hago las que puedo. Papá de Bruno, casado con Alejandra. Feliz

Ríndanse terrícolas – Chancho en Piedra

Si hay un disco de Rock en español y de músicos chilenos que me ha marcado y me ha acompañado a través de los años es el “ríndanse terrícolas” de los Chancho en Piedra.  Un disco sólido con un contenido musical exquisito y con unas letras muy ad hoc a su época, letras que por lo demás parecen haberse escrito en el presente, son frescas, divertidas y muy auténticas.

Sin embargo, las razones que hacen de este disco algo especial, pasan por una experiencia personal … de las mejores por lo demás,  más allá de todos los atributos que mencioné y todos los que omito sin querer en este post.  El verano del año 1999 se realizó un recital a todo dar en la ciudad de Melipilla, se le llamo “Rockalan”, tocaron bandas locales, amigos por no decir -todos, los platos fuertes eran Los Tetas y los Chancho en Piedra.  Ese día tuvimos la suerte de compartir un día completo con la banda.  Por aquellos años tocaba guitarra en la banda de Luigi Yancoli (ex-Panzer), se suponía que tocaríamos y teníamos un show preparado, pero ese día a mi amigo Rock Star (es una larga historia), se le puso que yo no estaba preparado para tocar y me dejo abajo jajaja, fue un día medio frustrado, pero no por eso me iba a bajonear.  Vi desde lo más cerca a las bandas y cuando salieron los “chancho” fue genial…no daba créditos de ver una banda tan buena, con un sonido tan pro y con una onda que te dejaba muy entusiasmado.

Desde entonces y por años, suelo escuchar el disco, es casi anecdótico que Yakuza es una de las canciones que mas tarareo en mi día a día.

Volviendo al disco, se trata de una obra de grueso calibre.  Musical y técnicamente hablando, las mezclas son perfectas, los acompañamientos que lleva el disco, grabaciones que simulan intervenciones galácticas con sonidos añejos, un sonido  maciso y unos acordes demasiado pegajosos.

La banda que este año vio irse a uno de sus fundadores (Pablo Ilabaca), decicio celebrar los 20 años del lanzamiento de este disco y esto además de ser genial, es un: “cresta que estamos viejos”.  Obviamente tenía que ir y acompañado de Bruno mi hijo, quien después de tantos años escuchando mi música esta banda no hace la excepción y se conoce las canciones y mi bella esposa, que es una nueva fans de los “chancho”.

Domingo 14 de octubre y un repleto Teatro Caupolican, un escenario semi-central que no dejo de ser una apuesta, pero que sin duda brindo más cercanía con la banda y el público.  El repertorio no necesitaba anuncio y se le agregaron algunas canciones extras que hicieron que la velada superara las 2 horas.  La banda como siempre mostrando mucha energía y buena onda arriba del escenario, quizás el único punto negativo es que al menos desde la tribuna izquierda no se oía muy bien la voz del Lalo (voz principal o secundaria, esto no me queda muy claro, porque Felipe canta en “casi” todas).

Chancho en Piedra
Ríndanse terrícolas 20 años

Los presentes cantamos y disfrutamos de una gran noche, fue genial y no puedo pasar por alto este disco y este evento, que me disculpen los “chancho” por haberme demorado tanto en terminar esta nota, nota que quizás nunca lean y que quizás no les hace ni la mitad del honor que merecen.

Pero a quien lea este post lo invito a escuchar el disco, les aseguro que les cambiará el día (el oink), quizás la vida…obviamente para bien.

Sin ser

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser,
perdido en una historia que se adueña de mi, sin ser.
Clamo por la esencia, por la vida y por la fuerza, no me reconozco,
clamo por respirar la tierra, por embriagarme en simpleza,
no me reconozco.

Las ilusiones me han llevado a navegar sin destino, me invade el placer,
no hay rumbos, tan sólo son ilusiones, me atrevo a invocar la inocencia.
El reloj avanza con prisa, como si quisiera arrebatarme el pulso, sin ser,
he renunciado, me he olvidado, he desertado, no me reconozco.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, necesito ser,
fiel a mi mundo, a los que han sido mis sueños, necesito ser.
Clamo por encontrarme, por saber que nada es en vano, reconocerme,
clamo por volver a sentir que vivo, puedo gritar, puedo sentir,
lo que más deseo es vivir.

Lucho con el destino ajeno de quienes viven dormidos, me ahogo en penumbras,
a mis espaldas se esconden los miedos, ajenos, mezquinos, sin ser.
Las hojas vuelven a brotar, el sol me saluda con fuerza, y yo vuelvo a nacer,
me escondo en sombras que no me pertenecen, sin ser,
me apago por pretender, me ahogo por contener, muero, sin ser.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser.

 

El día en que muera

El día en que muera espero sonreír, aunque la muerte me lleve por sorpresa, aunque se presente cuando ya no goce de plena consciencia, aferrado a la nada pero navegando a través de un océano infinito de bellos recuerdos, de momentos de integridad espiritual y emocional, suspirando por aquellos suspiros que me regaló el amor, fascinado con tanta sorpresa que me presentó la vida y que de momento, tal vez no supe comprender.

El día en que muera deseo ver las huellas, mirar atrás y contemplar la vida de aquellas personas a las que les obsequie al menos una sonrisa, aquellos que fueron felices conmigo y que se sintieron importantes con mi atención; no importa cuantos sean, no importa que tanto influí en sus vidas, sólo quiero saber que ese granito surtió efecto, con una mirada, con una sonrisa…una dulce sonrisa.  Mientras escribo reflexiono acerca de las bellezas de la vida me pregunto: ¿seremos conscientes que lo más hermoso que poseemos es la capacidad de sonreír?, ¿que el mejor regalo que podemos entregar es una sonrisa sincera? una sonrisa de lado a lado, sin prejuicios, ni ataduras.

El día en que muera quiero volver a ver a todas esas personas maravillosas que me dieron su cariño, a todas esas personas que sin esperar nada a cambio, hicieron para mi un gesto amable, un gesto de cariño, un gesto de amor.  Quiero ver una sonrisa en sus labios, deseo que gocen de la vida y que la vid les bendiga con muchos años de felicidad y plenitud.

El día en que muera quiero encontrarme con los que se fueron antes y que tanto hube de extrañar, para decirles todas esas cosas que no les dije cuando respirábamos, cuando merodeábamos por la vida terrenal.  Quiero abrazar nuevamente a mi cachorro, a mi amigo, a mi hijo perruno; de seguro sabrá cuanto lo he extrañado, y quizás también sabrá cuantas veces lo he llorado.  No lo veo, pero lo siento cerca mío, todo el tiempo y sin importar donde me encuentre.  Lo llevo tatuado en mi pierna izquierda, caminamos juntos, recorremos la vida juntos, sé que me escucha, sé que me acompaña en esos momentos en que la vida se vuelve un poco más hostil que de costumbre.

El día en que me muera quiero hacerlo sabiendo que cumplí mi misión, que cumplí la tarea y soy digno de escalar a un próximo destino.  Quiero morir sabiendo que se viene un encuentro, que hay una fiesta y el lugar es el infinito.

El día en que muera quiero iniciar el mejor tour de mi existencia, detenerme sin apuro a contemplar las estrellas, tal vez contarlas -porque en vida lo he intentado un par de veces y siempre he hallado excusas para abortar el objetivo-, excusas como lo rápido que pasa el tiempo, o porque perdí la cuenta por no estar del todo concentrado, por haberme instalado en un campamento lejos de la ciudad y me empalado en frío o quizás porque tuve miedo a la oscuridad permanente, al silencio de la noche a solas, en medio de la nada y del todo.  Quiero que el tour sea sin apuros, sólo un viaje de ida, sin un retorno anunciado, quiero volar, navegar, reír…

El día en que muera quiero ver su rostro, quiero conocer al que tantas veces suplique, al que tantas veces me encomendé.  Quiero ver su rostro para agradecerle, para pedirle una vez más, pedirle que un descanso eterno, un descanso que me permita seguir.

Hay veces en que me pierdo en mi propio mundo, en las banalidades que me descolocan y en las complejas interpretaciones del sentido absoluto de la existencia.  Hoy mientras estoy vivo, -lucho a diario por ser digno-, por gozar de esa vida plena, por sonreír, por ser feliz y esperar tranquilo ese día especial, el día en que muera.

La puerta de las dudas

La puerta de las dudas…

Se asoma cuando entre las sombras surgen los miedos,
cuando entre las personas, grises se vuelven las miradas,
cuando el destino desconoce, líneas manchadas y turbias,
cuando se pierde la magia, la gracia y la confianza.

La puerta de las dudas, puerta de penumbras, puerta de sombras,
paso a un desierto que con su manto de arena esconde la vida,
sin necesidad de concederle un minuto, colma en silencio, colma en desdicha,
flor perdida, llena de heridas, matices de la muerte, de la muerte en vida.

La puerta de las dudas, semilla que se fermenta en la noche,
entre las ruinas que deja la vida y que se alimenta del miedo, del pasado y del tiempo.
La puerta de las dudas, paso indeseado, paso que los torpes validan,
a sus espaldas la carga acumula, entorpece su andar y se eleva por sobre sus huesos.

La puerta de las dudas, paso a un submundo donde no hay vida,
la puerta de las dudas, paso a una vereda que no concibe la luz,
la puerta de las dudas, afán sin retorno, siembra locura, cosecha la histeria,
la puerta de las dudas, la llave es oscura y se esconde entre los pensamientos y el misterio, permanece dispuesta y eterna entre los necios.

Viudos de la voz de Chriss Cornell

 

El día de ayer se cumplió un año de la partida de Chriss Cornell, quizás la menos esperada y la que más tristeza ha causado en la escena rock.  En lo personal la sitúo de manera desgarradora con la de Robin Williams, tan triste, pérdidas que se sienten como si de un familiar o ser íntimo se tratara.

La trayectoria musical de Chriss fue un regalo, pero no fue el único, su voz, particularmente su voz era un obsequio, una belleza que es difícil de describir, que sólo se percibe con la justa atención y con el asombro siempre presente.  Esa voz sigue viva, en el recuerdo de cada canción, en la memoria de quienes tuvimos la suerte de verle cantar en vivo y particularmente, cuando lo hacía acompañado solo por una guitarra acústica.

Viudo de esos paisajes vocales, de esa genialidad y de esa simplicidad, de lo que era su voz.  Somos viudos de la voz de Chriss Cornell, sin embargo, hay quien podría mantener vivo, no el registro sino la belleza vocal en el rock.

De manera espontánea se me viene un nombre, se trata de Myles Kennedy.  Vocalista de Alter Bridge, una de las bandas más ricas y frescas, siempre musicalmente hablando, una de las bandas que me hacen mantener firme mi devoción por el rock, una de las grandes bandas contemporáneas que mantiene activo el género.

Myles Kennedy

Myles Kennedy quien padece de tinnitus (fenómeno auditivo que percibe golpes y sonidos en el oído) y una perdida auditiva degenerativa considerable, posee una amplio registro vocal, paisajes tan hermosos como los del fallecido Chriss Cornell.  Myles dentro de sus técnicas vocales suele utilizar un falsete, sin abusar de este lo convierte en un estilo particular y que le da un toque de sutileza a cada interpretación.

El cartel de canciones que hacen honor a esta paridad es amplia, sin embargo, mis favoritas son Back from Cali de Slash particularmente la versión que hicieron en acústico para la Classic Rock Magazine (ver video), también podría agregar My Champion del disco The Last Hero de Alter Bridge.  En definitiva los que conocen a Myles saben de que estoy hablando e incluso entienden lo que no he podido explicar bien en cuanto a lo genial que es su voz.

Ni Chriss ni Myles son comparables, ambos son únicos y este post solo tiene la finalidad de ilusionarme, pensar que sus voces son el puente que mantiene vigente un hermoso legado.