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Los ahorros de Daniel

Daniel llevaba un buen tiempo depositando sus ahorros en un *chanchito de greda. Juan era un “conocido” suyo, este último consciente de los ahorros de Daniel cada vez que podía le echaba un ojo a la alcancia, la cual para su decepción se encontraba bien sellada.

Daniel, al tiempo y frente a una real necesidad decidió hacer un pequeño orificio para sacar unas cuantas monedas, al menos esa fue su intención. Al tiempo frente a nuevos problemas económicos y prometiéndose que esta sería la última vez, decidió volver a sacar unas monedas de sus ahorros, agrandando de esta manera un poco más el orificio.

Juan, se entero de la existencia de este “orificio” por tanto en cuanto tuvo la oportunidad tomó el “chanchito de Daniel y sacó todas las monedas que pudo antes que lo sorprendieran.

Pasaron los años y cuando llego el momento en que Daniel debía dar el uso que le motivó a ahorrar, se dio cuenta que el dinero que tanto le había costado reunir había desaparecido.

¡Defiendo el ahorro, no a la institución que lo administra!

*Si bien la imagen no es un chancho de greda, representa perfectamente lo que se pretende explicar

Rompiendo el chanchito

Seguramente muchos de nosotros a lo largo de su vida a comenzado o al menos a intentado ahorrar dinero, la figura de la alcancía era y debería seguir siendo el ícono del ahorro como concepto.  Un concepto que debemos inculcar desde la niñez, para intentar crear consciencia de que el ahorro es el único mecanismo que nos permitirá tener una vida económica ordenada y lo más importante, deberá ser nuestro sustento para cuando ya no tengamos las fuerzas para auto-valernos.

Mantener la alcancía intacta es un desafío que nos mantendrá permanentemente a prueba, muchas serán las “razones” que nos tentarán a vulnerar su cerrojo, algunas incluso pueden ser realmente ciertas y necesarias, sin embargo, es imprescindible que el ahorro cumpla su objetivo.  Por otro lado sería sensato pensar que en tiempos de crisis debamos suspenderlo, quiero decir, que frente a una crisis real no sumemos más monedas en la alcancía. Sólo eso.

Por más que pretendamos sacar tan sólo una fracción de ese ahorro, el mero hecho de concretarlo por una vez, hará que esto se vuelva una costumbre, dado que en nuestra consciencia entenderemos que lo que habita al interior de nuestro chanchito es una alternativa, aunque digamos que será la última, esto es algo que nunca sabremos del todo.

¡No rompamos el chanchito!, porque sino somos capaces de abastecernos cuando aun somos jóvenes menos lo haremos cuando seamos viejos.

Después de un todo o nada ¿seremos más felices?

En varias ocasiones me he cuestionado el cómo se han desarrollado las manifestaciones y particularmente los hechos de violencia, saqueos e incendios intencionales que sacuden a Chile desde el 18 de octubre. Por su parte la violencia o los abusos de empresarios codiciosos que al igual que un pirata se llevan la gran parte del cofre a sus arcas personales (no encuentro un superlativo para referir a casi TODA la ganancia), son una de las tantas razones que han hecho que explote la olla.

La violencia vista por estos días es algo que va más allá de mi comprensión, escucho argumentos de quienes la avalan y de quienes la critican, y veo en ambos su cuota de razón.  Ambos o cansados y nacidos en un ambiente violento o violentados por una sociedad mezquina y por otro lado, quienes han sufrido directa e indirectamente los efectos de la destrucción.

Ahora bien, sigo preguntándome qué pasará cuando todo esto acabe, cuando “después de un todo o nada” debamos enfrentarnos al resultado de aquel estallido social y que sin duda nos ha tocado a nivel personal.

¿Seremos más felices? ¿podremos mirarnos a los ojos sin remordimientos ni odio?  ¿estaremos en paz con nosotros mismos? de saber que somos dignos de lo que tenemos y gozamos, de sentirnos plenos y por ende felices.

No pretendo ni criticar ni justificar los hechos que nos acontecen, sino más bien, proyectarnos como personas, como padres, como hijos, como amigos, como vecinos, etcétera, personas que buscan como fin de nuestra esencia, la felicidad.

Este parece ser un asunto olvidado y no porque nadie lo tenga presente en su consigna de lucha, sino que también a nivel personal es algo que hemos olvidado en el tiempo, porque el foco lo hemos puesto en los bienes de consumo, en el éxito o en el fracaso, en el celular de última generación, en el jardín del vecino.

Más allá de la mera preocupación, rezo porque cuando el fuego se convierta en cenizas, estas sean la base de un país más unido y por sobre todo feliz.

Porque en Chile necesitamos una nueva constitución

Seguramente nuestra constitución política ha sido leída por un minoría, o mejor dicho la mayoría de los nacionales NO la ha leído.  Los motivos no van al caso aunque me atrevo a diagnosticar tres razones.  Primero es que somos un país malo para leer; segundo, es que su horizonte es algo así como los mandamientos, algo hasta ahora imposible de modificar, algo con los debíamos convivir, sin mayor tregua y tercero, dado los anteriores, es que estaba lejos de ser del interés de las personas.

En medio de este escenario social fue adquiriendo fuerza el hecho de un cambio, de la confección de una nueva constitución, insisto, todo independiente de lo dicho en el párrafo anterior.  Sectores políticos sacando provecho de esta corriente, promoviendo asambleas constituyentes llenas de vacíos, buscando el extremo, y otros grupos defendiéndola justificando que las actuales demandas sociales no están insertas en la misma, argumentando que las modificaciones son específicas de una ley y no de la constitución política.

Es justamente en este último punto donde me doy cuenta que necesitamos rehacer nuestra constitución, porque es ahí donde se debe velar por aquellas demandas sociales. Está en las bases de un país.

Antes de continuar debo dejar en claro, que el camino no es de la expropiación sin indemnización de las empresas que explotan los recursos naturales, ni de la estatización de todos los servicios básicos, porque aquello, sabemos que es un sistema que fracasó en todo el mundo y Chile no fue ni será la excepción.

Por otro lado, hay elementos clave que se deben mantener y que tienen que ver con la autonomía de los poderes del estado y del banco central.  Esto último para nunca permitir que un gobierno tenga incidencia y/o manipulación directa, tanto en la justicia como en su economía.

¿Por qué en Chile necesitamos una nueva constitución?

En lo personal opino que se debe a tres razones; la primera, obedece a que esta debe considerar todos los elementos fundamentales en la vida de las personas, tales como salud, educación y vivienda.  Segundo, debe proteger nuestros recursos naturales y su explotación.  Tercero, es un tema de forma más que de fondo, necesita cambiarse simplemente porque fue redactada por el gobierno de Pinochet y esto ya genera controversias, divisiones e interminables faltas de confianza.  Como sociedad necesitamos más puntos comunes y menos argumentos para dividirnos.

Ahora la forma de redactar una nueva carta fundamental para todos los chilenos es un tema complejo, porque la responsabilidad recae en los políticos y estos del sector que sean carecen de credibilidad.

 

¿Podremos ser una sociedad más justa?

¿Podremos ser una sociedad más justa?
Esta es una pregunta que a diario aparece en mi reflexión, en duda, es parte de mis miedos. Deseo que haya un encuentro social, con respuestas efectivas y honestas de parte de las autoridades, y con el compromiso total de un país que más allá de las ideologías y las demandas compartidas, parece cada vez más dividido.

La clase política que suele adoptar posiciones malintencionadas tiene mucho que ver en esta división, más preocupados de apuntar al bando contrario que de buscar soluciones efectivas, más interesadas en un beneficio político propio que en escuchar y atender las necesidades reales.

Pienso en el futuro, cuando las demandas ya habiendo sido atendidas, cuando gocemos de un pacto social que nos beneficie a todos, donde todos ganen, algo que es económicamente posible y debamos poner de nuestra parte para forjar el futuro que como personas, familias y sociedad tanto demandamos.

¿Podremos ser entonces una sociedad más justa?
Si hemos perdido centímetros e incluso metros de tolerancia, tolerancia que tanto costó recuperar después del quiebre ocurrido hace 46 años atrás; si hemos avalado la violencia como un medio para hacernos escuchar o en el mejor de los casos, como un neteo al daño provocado a nuestra geografía y sociedad.

No hay razones para la violencia, quién la avale es una persona violenta.

Por tanto, ser una sociedad más justa es algo que se nos pierde en un horizonte indeterminado, nos confunde en un sentido de igualdad, en demandas sociales vitales como una pensión digna, salud y educación de calidad, en un trato respetuoso y por sobre todo en oportunidades para desarrollarnos como personas y como país.

No seremos una sociedad más justa por el mero hecho de contar con respuestas a estas demandas, sino que es tan o más importante justo aquello que hemos ido perdiendo, me refiero a ese respeto que viene de la casa, de la formación en base a valores, de forjar con trabajo un futuro mejor, de cuidar lo propio y lo ajeno.

En el fondo llevamos rabia y frustraciones que a nivel personal no hemos logrado superar.  Mientras esto no sane, mientras no encontremos una razón de unidad total y de respeto recíproco estaremos al debe con la tan anhelada justicia social.