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Después de un todo o nada ¿seremos más felices?

En varias ocasiones me he cuestionado el cómo se han desarrollado las manifestaciones y particularmente los hechos de violencia, saqueos e incendios intencionales que sacuden a Chile desde el 18 de octubre. Por su parte la violencia o los abusos de empresarios codiciosos que al igual que un pirata se llevan la gran parte del cofre a sus arcas personales (no encuentro un superlativo para referir a casi TODA la ganancia), son una de las tantas razones que han hecho que explote la olla.

La violencia vista por estos días es algo que va más allá de mi comprensión, escucho argumentos de quienes la avalan y de quienes la critican, y veo en ambos su cuota de razón.  Ambos o cansados y nacidos en un ambiente violento o violentados por una sociedad mezquina y por otro lado, quienes han sufrido directa e indirectamente los efectos de la destrucción.

Ahora bien, sigo preguntándome qué pasará cuando todo esto acabe, cuando “después de un todo o nada” debamos enfrentarnos al resultado de aquel estallido social y que sin duda nos ha tocado a nivel personal.

¿Seremos más felices? ¿podremos mirarnos a los ojos sin remordimientos ni odio?  ¿estaremos en paz con nosotros mismos? de saber que somos dignos de lo que tenemos y gozamos, de sentirnos plenos y por ende felices.

No pretendo ni criticar ni justificar los hechos que nos acontecen, sino más bien, proyectarnos como personas, como padres, como hijos, como amigos, como vecinos, etcétera, personas que buscan como fin de nuestra esencia, la felicidad.

Este parece ser un asunto olvidado y no porque nadie lo tenga presente en su consigna de lucha, sino que también a nivel personal es algo que hemos olvidado en el tiempo, porque el foco lo hemos puesto en los bienes de consumo, en el éxito o en el fracaso, en el celular de última generación, en el jardín del vecino.

Más allá de la mera preocupación, rezo porque cuando el fuego se convierta en cenizas, estas sean la base de un país más unido y por sobre todo feliz.

Porque en Chile necesitamos una nueva constitución

Seguramente nuestra constitución política ha sido leída por un minoría, o mejor dicho la mayoría de los nacionales NO la ha leído.  Los motivos no van al caso aunque me atrevo a diagnosticar tres razones.  Primero es que somos un país malo para leer; segundo, es que su horizonte es algo así como los mandamientos, algo hasta ahora imposible de modificar, algo con los debíamos convivir, sin mayor tregua y tercero, dado los anteriores, es que estaba lejos de ser del interés de las personas.

En medio de este escenario social fue adquiriendo fuerza el hecho de un cambio, de la confección de una nueva constitución, insisto, todo independiente de lo dicho en el párrafo anterior.  Sectores políticos sacando provecho de esta corriente, promoviendo asambleas constituyentes llenas de vacíos, buscando el extremo, y otros grupos defendiéndola justificando que las actuales demandas sociales no están insertas en la misma, argumentando que las modificaciones son específicas de una ley y no de la constitución política.

Es justamente en este último punto donde me doy cuenta que necesitamos rehacer nuestra constitución, porque es ahí donde se debe velar por aquellas demandas sociales. Está en las bases de un país.

Antes de continuar debo dejar en claro, que el camino no es de la expropiación sin indemnización de las empresas que explotan los recursos naturales, ni de la estatización de todos los servicios básicos, porque aquello, sabemos que es un sistema que fracasó en todo el mundo y Chile no fue ni será la excepción.

Por otro lado, hay elementos clave que se deben mantener y que tienen que ver con la autonomía de los poderes del estado y del banco central.  Esto último para nunca permitir que un gobierno tenga incidencia y/o manipulación directa, tanto en la justicia como en su economía.

¿Por qué en Chile necesitamos una nueva constitución?

En lo personal opino que se debe a tres razones; la primera, obedece a que esta debe considerar todos los elementos fundamentales en la vida de las personas, tales como salud, educación y vivienda.  Segundo, debe proteger nuestros recursos naturales y su explotación.  Tercero, es un tema de forma más que de fondo, necesita cambiarse simplemente porque fue redactada por el gobierno de Pinochet y esto ya genera controversias, divisiones e interminables faltas de confianza.  Como sociedad necesitamos más puntos comunes y menos argumentos para dividirnos.

Ahora la forma de redactar una nueva carta fundamental para todos los chilenos es un tema complejo, porque la responsabilidad recae en los políticos y estos del sector que sean carecen de credibilidad.

 

¿Podremos ser una sociedad más justa?

¿Podremos ser una sociedad más justa?
Esta es una pregunta que a diario aparece en mi reflexión, en duda, es parte de mis miedos. Deseo que haya un encuentro social, con respuestas efectivas y honestas de parte de las autoridades, y con el compromiso total de un país que más allá de las ideologías y las demandas compartidas, parece cada vez más dividido.

La clase política que suele adoptar posiciones malintencionadas tiene mucho que ver en esta división, más preocupados de apuntar al bando contrario que de buscar soluciones efectivas, más interesadas en un beneficio político propio que en escuchar y atender las necesidades reales.

Pienso en el futuro, cuando las demandas ya habiendo sido atendidas, cuando gocemos de un pacto social que nos beneficie a todos, donde todos ganen, algo que es económicamente posible y debamos poner de nuestra parte para forjar el futuro que como personas, familias y sociedad tanto demandamos.

¿Podremos ser entonces una sociedad más justa?
Si hemos perdido centímetros e incluso metros de tolerancia, tolerancia que tanto costó recuperar después del quiebre ocurrido hace 46 años atrás; si hemos avalado la violencia como un medio para hacernos escuchar o en el mejor de los casos, como un neteo al daño provocado a nuestra geografía y sociedad.

No hay razones para la violencia, quién la avale es una persona violenta.

Por tanto, ser una sociedad más justa es algo que se nos pierde en un horizonte indeterminado, nos confunde en un sentido de igualdad, en demandas sociales vitales como una pensión digna, salud y educación de calidad, en un trato respetuoso y por sobre todo en oportunidades para desarrollarnos como personas y como país.

No seremos una sociedad más justa por el mero hecho de contar con respuestas a estas demandas, sino que es tan o más importante justo aquello que hemos ido perdiendo, me refiero a ese respeto que viene de la casa, de la formación en base a valores, de forjar con trabajo un futuro mejor, de cuidar lo propio y lo ajeno.

En el fondo llevamos rabia y frustraciones que a nivel personal no hemos logrado superar.  Mientras esto no sane, mientras no encontremos una razón de unidad total y de respeto recíproco estaremos al debe con la tan anhelada justicia social.

 

¿Doble discurso o más de uno?

Quizás el título que he usado para esta nota sea un tanto confuso, y para ir en profundidad al tema haré rápidamente la distinción, al menos la que hay a mi juicio.

Hay un doble discurso, cuando se da una opinión/comentario frente a una persona, y luego a espaldas de esta, la versión sufre cambios. Por otro lado, cuando va adaptándose a las circunstancias y por sobre todo, incluyendo toda la información disponible a la hora de dar una opinión, en este caso, el “discurso” lo más seguro es que tenga modificación e incluso cambie radicalmente, sin embargo, siempre de frente, aunque esto resulte complejo para el interlocutor o contraparte.

En el último caso, al hacerse más evidente, suelen recibirse mas críticas y calificativos, como bipolaridad, indecisión, etcétera. No obstante, los elementos fundamentales y que basan el cambio, son la nueva información que se desconocía al dar el primer atisbo, o cambios en las circunstancias externas al problema, pero como dije, siempre dando la cara y lo que es mejor, dando las explicaciones y aceptando las consecuencias.

Dar la cara, decir las cosas de frente, se ha transformado en un valor de consistencia, es una base que nos permite fiarnos de las personas que nos rodean, porque quizás pueda tener respuestas sorpresa, que de seguro estas tienen un fundamento y por sobre todo, y digo insistentemente, se dicen de frente.

En cambio rodearse de personas cínicas, que sonríen de frente y por la espalda te dan tremenda puñalada, es una de las experiencias que me irritan en demasía (de hecho, ya he posteado algo similar en la nota “los muertos si hablan”), decirlo de una manera franca, es siniestro saber que estas rodeado de estas personas, de estos seres, que sin importar su edad, están lejos de lograr una porción de decencia, ni hablar de sabiduría.

Pero ¿por qué no alejarse de estas personas?, o ¿evitarlas sin importar el vínculo que se tenga?  Aquí es donde la cosa se vuelve quizás más compleja, porque dicho vínculo no siempre es a voluntad o deseo, sino que es una herencia, por decirlo de una forma, es una relación que por más que tratemos de esquivar, no es una opción directa.  En fin.

Esta nota es un desahogo y por sobre todo, lo que hice al inicio, una gran distinción entre aquellas personas que tienen un doble discurso y entre aquellas que por X razón, lo van modificando.

Privacidad pública

Caigo en la cuenta de lo abandonado que tengo a este BLOG, a este sitio que acoge el derroche y la necesidad de lanzar un torrente de sentimientos, de frases que brotan desde mi alma y que se convierten ocasionalmente en una idea, en una opinión, en un poema o en una simple narración.  La estantería virtual de bocetos e intentos literarios va en picada y el motivo es redundante y también virtual, no me atrevo a dimensionar en cabalidad el tiempo perdido frente al computador o al celular inteligente, pero reconozco sin tapujos quien o más bien cual es el elemento distractor.  Facebook, la red social más visitada del mundo, el sitio donde todos los ciber amigos o son muy felices o son muy tristes, donde todos almuerzan o cenan sólo exquisiteces y donde todos veranean en lugares de ensueño.
Como dato me anticipo a decir que para hacerme la pega fácil al igual que al posible lector, cada vez que use las comillas, ” “, estaré siendo un tanto sarcástico.
 
Cada vez más personas comienzan a inquietarse dada la realidad de los hechos compartidos, de la espontaneidad casi perdida en la vida cotidiana.  Es una paradoja que en el mismo sitio he leído el rechazo a la misma, por ende me atrevo a concluir que muchos hemos caído en la cuenta de que no hay ningún aporte de valor, nada que significativamente nos acerque a la felicidad o a un estado emocional estable y duradero, por ende, se trata literal y realmente un sitio basura. No obstante, aún estamos ahí, clickeando una y otra vez cuanta publicación se nos aparece en pantalla, dando un Me Gusta a las mismas fotos, a los mismas quejas dirigidas al gobierno de turno o a las memes (burlas gráficas) dirigidas al personaje de turno.
 
En una interminable galería de fotos vemos como personas “dibujan” una sonrisa en sus labios, a algunos la sonrisa les viene bien casi de manera natural, otros la han practicado frente a un espejo y aunque no lo saben es tan sintética como la extensión tecnológica que tienen en la mano por a lo menos 18 horas al día.  Como criterio común todos los sonrientes quieren parecer felices, quieren decirle al mundo que le han quebrado la mano al destino, que pese a las dificultades que han hallado en su camino, son inmensamente felices e incluso los más soberbios se esfuerzan en demostrar su inmunidad a los problemas, la vida ha sido benovolente y llena de trofeos personales, desde la crianza en “cuna de oro” hasta la edad madura que gozan, han realizado las actividades más aristocráticas que haya inventado el hombre para trazar una línea divisoria entre los vasallos y quienes gozan de posiciones con privilegio social.  En cuanto a las personas que usan la red para dar lastima, para buscar un tipo de consuelo no hay mucho que pueda opinar puesto que o bien las elimino como amigos o dejo de seguirles.

Si bien mi opinión puede estar sesgada dado mi “segmento” de amigos, creo que el deporte aventura es una de las vías más explotadas con la finalidad de aparentar actividades de connotación.  Es triste saber que en definitiva se práctica un deporte no por el solo hecho de que simplemente guste o lleve a vivir experiencias fuera de lo común, sino que más bien, se realiza esperando que aquel momento sea capturado por una “cámara fotográfica” y en consecuencia una vez publicada en la red social todo el mundo se entere de como disfruto mi vida en los tiempos libres.


Privacidad pública tiene que ver de manera ambigua con todo lo que brevemente he querido mencionar, tiene que ver con que aquellas cosas, circunstancias, personas e incluso el hogar, algo tan personal e íntimo se transforma en público una vez que se sube a la red, sea cual sea la intención, como también la interpretación que hacemos los receptores de aquellos mensajes.  He aquí el punto más trascendental de todo esto, las intenciones, las interpretaciones y las consecuencias.  Sin darnos cuenta hay una reacción silenciosa que nos lleva a actuar a modo de competencia, generando ansiedades y en general deseando los bienes que publican otros, pretendiendo bienes innecesarios, estresándonos más de la cuenta y en definitiva alejándonos por consecuencia aún más de la vida plena, de la vida cercana, afectiva y privada.  No puedo dejar de mencionar a la envidia, el veneno que nos convierte en seres oscuros, que nos vuelve insensibles y que nos empuja a vivir una vida saciada de malas energías; la envidia es provocativa, es traicionera, es un arma tan letal que nos transforma en seres de dolor y por sobre todo en seres que desean el dolor ajeno.  El Facebook es un portal, una vitrina a la envidia, no existen las envidias sanas, cito esto último aludiendo a miles de comentarios de esa calaña y que he visto bajo las publicaciones ostentosas.


Es casi imposible cuantificar el tiempo que nos roba la red social porque en síntesis las actividades que esta incluye son:

-Participación virtual de las interminables publicaciones de “amigos” y medios de comunicación, leyéndolas, comentándolas, contestando, etcétera.
-Subiendo publicaciones, eligiendo un texto acertado, eligiendo y editando las mejores fotografías; revisando las notificaciones, contestando comentarios.
-El trabajo silencioso que hace la envidia y los deseos de lucirse en cualquier tipo de evento.

Me inclino a que en el corto plazo volveré a leer este post y me ayudará a reforzar mi decisión de cerrar el Facebook, porque también soy inconsecuente al seguir y leer aquellas publicaciones que sabiendo puedan ser un tanto “plásticas” le he dado muchos LIKE.


Cuando lo anterior ocurra en vez de subir fotos a la red haré un ejercicio mucho más entretenido y privado; elegiré junto a mi familia las que más nos gusten, las que nos traigan un recuerdo excepcional, las enmarcaremos y colgaremos en los espacios disponibles de nuestro hogar.  Eso sí ME GUSTA.


Tal como comencé al iniciar este post, citando lo abandonado que se encuentra el BLOG, es que espero que habiendo escrito esta opinión, esta crítica social e incluso personal se comience a soltar la mano, las neuronas vuelvan a reactivarse y comience a escribir con mayor frecuencia.  No espero inspiración, sino la fortaleza para escribir y las concentración para llevar a cabo una idea de manera ordenada.


JojorGe