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Somos noche, somos día

Quien sabe que, si somos noche o somos día,
quizás no seamos ninguna, me confunde;
alberga el silencio y nos arrebata la luz,
nos cobija, nos abriga, nos renueva,
nos invita para ser luz y para ser oscuridad,
quien sabe que, si somos noche o somos día.

Un instante nos separa, un instante nos une,
vas y yo voy, ¿quién es guía? ¿quién es huella?,
quien es luz y quien oscuridad,
miradas perdidas, suspiros arrebatados,
lerdas las sonrisas, iluso el sentimiento,
distancias infinitas, océanos nos separan, mientras
al amanecer te contemplo, en el ocaso te pierdo.

Quien sabe que, si somos noche o somos día,
diferencias perpetuas en el corazón de un horizonte,
no son armonías, quizás sólo sean sombras,
amanece y me despierta tu brillo,
por instantes me duermo, me desvela tu silencio,
quien sabe que, si somos noche o seamos día,
voy tras tu luz, voy tras tus sombras,
sin saberlo, replicamos la liturgia, quien sabe que,
quizás tu seas noche y yo sea el día, o
quizás tu seas día y yo la noche.

Silencio

El silencio se apropia de la virtud y no es más que sombras,
no hay respuestas ni gemidos, está en luz y en oscuridad,
agonía y penumbras lo usan como escudo,
distancia inmaterial lo pretende como un estandarte.

Silencio, sonetos vacíos, cantos dormidos,
sin más, sin menos te ocultas en medio de la belleza,
en cada instante mágico que nos regala la vida,
no eres más que una pausa que adormece el tiempo.

Silencio, de ti emergen las cadenas, y –
en el pensamiento se muere el deseo,
en el pensamiento se congelan las ideas,
en el pensamiento se confabulan los miedos.

Oh silencio! si supieras cuanto te detesto,
Oh silencio! si supieras cuantas veces me has lastimado,
dicen que otorgas, dicen que escondes,
defensor del miedo, de las mentiras, de ocultar el deseo.

Oh silencio! quisiera al menos comprenderte,
no tengo palabras que en este momento puedan alabarte,
Oh silencio! quisiera al menos saber de que estás hecho,
tengo estrías en mi alma venidas de tu sable,
tengo heridas en mi corazón venidas de tu veneno.

Silencio, no hay más que la voluntad que te extingue,
en un murmullo, en un susurro, en un “te entiendo”.
Silencio, no dejas huellas, solo lágrimas y vacíos,
te destierro con mi voz, te elimino con un suspiro.

Silencio, mueres en simpleza y pureza,
tu trono se derrumba en la inmensidad de un eco,
reinas en el amanecer y te desvanece el primer canto del zorzal,
te destierro con mi voz y con los latidos de mi corazón.

Sin ser

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser,
perdido en una historia que se adueña de mi, sin ser.
Clamo por la esencia, por la vida y por la fuerza, no me reconozco,
clamo por respirar la tierra, por embriagarme en simpleza,
no me reconozco.

Las ilusiones me han llevado a navegar sin destino, me invade el placer,
no hay rumbos, tan sólo son ilusiones, me atrevo a invocar la inocencia.
El reloj avanza con prisa, como si quisiera arrebatarme el pulso, sin ser,
he renunciado, me he olvidado, he desertado, no me reconozco.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, necesito ser,
fiel a mi mundo, a los que han sido mis sueños, necesito ser.
Clamo por encontrarme, por saber que nada es en vano, reconocerme,
clamo por volver a sentir que vivo, puedo gritar, puedo sentir,
lo que más deseo es vivir.

Lucho con el destino ajeno de quienes viven dormidos, me ahogo en penumbras,
a mis espaldas se esconden los miedos, ajenos, mezquinos, sin ser.
Las hojas vuelven a brotar, el sol me saluda con fuerza, y yo vuelvo a nacer,
me escondo en sombras que no me pertenecen, sin ser,
me apago por pretender, me ahogo por contener, muero, sin ser.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser.

 

En las cenizas de su último fuego

Ella aún vestía el rosado cuando su vientre dibujaba latidos,
asfixiada por el miedo, confundida y sin saberlo, perdida;
su alma merodeaba entre el vacío y sus sueños,
sueños que poco a poco se iban precipitando al olvido.
Ella le sonreía a la inocencia, la abrazaba como suya,
como su mayor fuente y a veces fortuna,
se aferró a su esencia a través del tiempo,
herencia sensata, obsequio a su mayor tribuna.

Quizás cuales fueron las promesas que divagaron en su alma,
quizás con que frases le arrebataron el miedo,
nada de eso fue concreto, nada de eso fue cierto,
histeria a las mentiras, horror al silencio.
Quizás donde ocultó sus sueños, del mezquino pensamiento,
lejos de sí, lejos de quien le condenara al temor y al encierro,
quizás los escondió bajo los escombros que habitaron su alma,
quizás los dibujó en las cenizas de su último fuego.

Ella no dormía mientras todos lo hacían,
tiembla su alma, presa del desasosiego, de los garrotes y del silencio,
nada ni nadie pudo navegar por sus sombras,
aguas turbias por un río que estancaba sus días.
Ella intento lo que pocos hicieron,
el valor y la fortaleza cubrían sus miedos,
siniestras penumbras, intermitentes los deseos a la vida,
buscando un camino sin retorno, sin luz, sin miedos.

Hoy se aparece en sus sueños, quimera y es verbo,
mientras duerme, mientras ríe, mientras llora,
se abrazan, se unen, se sienten,
rio de esperanzas, caudal de ensueños.
Ella descansa y sonríe, fruto de su virtud y es su orgullo,
vive a través del andar de su fruto, brilla en sus ojos, brilla en su alma.
Descansa, porque jamás has muerto,
descansa, porque en la eternidad celebraran su reencuentro.

Hoy somos besos

Duerme, descansa, sueña.
Yo sueño contigo, me despierto para seguir soñando, sin prisa, sin apuros.
Te veo y eres realidad.
Fuiste un sueño, muchos suspiros, hoy somos besos.
 
El poema es sencillo cuando sin ser poeta la inspiración es belleza,
el poema es fresco cuando las palabras brotan sin rima, pero con sentimiento,
el poema es sutil cuando la flor y sus espinas elevan sus pétalos,
el poema es de amor, cuando lo que importan son los besos.
Hasta altas madrugadas te veía entre mis sueños,
sin poder tocarte, sin poder sentirte.
Solo me alcanzaba para soñarte,
el aroma de las hojas caídas me ilusionaba con tu aroma,
escasas eran las palabras, lejanas las esperanzas.
En silencio te escondí entre mis huesos,
la torpeza de mi corazón petrificaba mi andar.
No hubo más cabida en mí que albergar al miedo.
Solo me alcanzaba para soñarte,
por momentos citaba con gloria tu recuerdo,
tal vez ingenuo, tal vez sensato.
Tu voz delicada, dibujando sonetos, 
ilusionando a mi alma, abrazando fantasmas.
No hubo más cabida en mí que albergar al miedo.

Fuiste un sueño, muchos suspiros, hoy somos besos,

sueño contigo, me despierto para seguir soñando, sin prisa, sin apuros.

Hoy somos besos.
Es extraño besarte y reconocer a conciencia que vivo mi propio sueño.