¿Doble discurso o más de uno?

Quizás el título que he usado para esta nota sea un tanto confuso, y para ir en profundidad al tema haré rápidamente la distinción, al menos la que hay a mi juicio.

Hay un doble discurso, cuando se da una opinión/comentario frente a una persona, y luego a espaldas de esta, la versión sufre cambios. Por otro lado, cuando va adaptándose a las circunstancias y por sobre todo, incluyendo toda la información disponible a la hora de dar una opinión, en este caso, el “discurso” lo más seguro es que tenga modificación e incluso cambie radicalmente, sin embargo, siempre de frente, aunque esto resulte complejo para el interlocutor o contraparte.

En el último caso, al hacerse más evidente, suelen recibirse mas críticas y calificativos, como bipolaridad, indecisión, etcétera. No obstante, los elementos fundamentales y que basan el cambio, son la nueva información que se desconocía al dar el primer atisbo, o cambios en las circunstancias externas al problema, pero como dije, siempre dando la cara y lo que es mejor, dando las explicaciones y aceptando las consecuencias.

Dar la cara, decir las cosas de frente, se ha transformado en un valor de consistencia, es una base que nos permite fiarnos de las personas que nos rodean, porque quizás pueda tener respuestas sorpresa, que de seguro estas tienen un fundamento y por sobre todo, y digo insistentemente, se dicen de frente.

En cambio rodearse de personas cínicas, que sonríen de frente y por la espalda te dan tremenda puñalada, es una de las experiencias que me irritan en demasía (de hecho, ya he posteado algo similar en la nota “los muertos si hablan”), decirlo de una manera franca, es siniestro saber que estas rodeado de estas personas, de estos seres, que sin importar su edad, están lejos de lograr una porción de decencia, ni hablar de sabiduría.

Pero ¿por qué no alejarse de estas personas?, o ¿evitarlas sin importar el vínculo que se tenga?  Aquí es donde la cosa se vuelve quizás más compleja, porque dicho vínculo no siempre es a voluntad o deseo, sino que es una herencia, por decirlo de una forma, es una relación que por más que tratemos de esquivar, no es una opción directa.  En fin.

Esta nota es un desahogo y por sobre todo, lo que hice al inicio, una gran distinción entre aquellas personas que tienen un doble discurso y entre aquellas que por X razón, lo van modificando.

Silencio

El silencio se apropia de la virtud y no es más que sombras,
no hay respuestas ni gemidos, está en luz y en oscuridad,
agonía y penumbras lo usan como escudo,
distancia inmaterial lo pretende como un estandarte.

Silencio, sonetos vacíos, cantos dormidos,
sin más, sin menos te ocultas en medio de la belleza,
en cada instante mágico que nos regala la vida,
no eres más que una pausa que adormece el tiempo.

Silencio, de ti emergen las cadenas, y –
en el pensamiento se muere el deseo,
en el pensamiento se congelan las ideas,
en el pensamiento se confabulan los miedos.

Oh silencio! si supieras cuanto te detesto,
Oh silencio! si supieras cuantas veces me has lastimado,
dicen que otorgas, dicen que escondes,
defensor del miedo, de las mentiras, de ocultar el deseo.

Oh silencio! quisiera al menos comprenderte,
no tengo palabras que en este momento puedan alabarte,
Oh silencio! quisiera al menos saber de que estás hecho,
tengo estrías en mi alma venidas de tu sable,
tengo heridas en mi corazón venidas de tu veneno.

Silencio, no hay más que la voluntad que te extingue,
en un murmullo, en un susurro, en un “te entiendo”.
Silencio, no dejas huellas, solo lágrimas y vacíos,
te destierro con mi voz, te elimino con un suspiro.

Silencio, mueres en simpleza y pureza,
tu trono se derrumba en la inmensidad de un eco,
reinas en el amanecer y te desvanece el primer canto del zorzal,
te destierro con mi voz y con los latidos de mi corazón.

Ríndanse terrícolas – Chancho en Piedra

Si hay un disco de Rock en español y de músicos chilenos que me ha marcado y me ha acompañado a través de los años es el “ríndanse terrícolas” de los Chancho en Piedra.  Un disco sólido con un contenido musical exquisito y con unas letras muy ad hoc a su época, letras que por lo demás parecen haberse escrito en el presente, son frescas, divertidas y muy auténticas.

Sin embargo, las razones que hacen de este disco algo especial, pasan por una experiencia personal … de las mejores por lo demás,  más allá de todos los atributos que mencioné y todos los que omito sin querer en este post.  El verano del año 1999 se realizó un recital a todo dar en la ciudad de Melipilla, se le llamo “Rockalan”, tocaron bandas locales, amigos por no decir -todos, los platos fuertes eran Los Tetas y los Chancho en Piedra.  Ese día tuvimos la suerte de compartir un día completo con la banda.  Por aquellos años tocaba guitarra en la banda de Luigi Yancoli (ex-Panzer), se suponía que tocaríamos y teníamos un show preparado, pero ese día a mi amigo Rock Star (es una larga historia), se le puso que yo no estaba preparado para tocar y me dejo abajo jajaja, fue un día medio frustrado, pero no por eso me iba a bajonear.  Vi desde lo más cerca a las bandas y cuando salieron los “chancho” fue genial…no daba créditos de ver una banda tan buena, con un sonido tan pro y con una onda que te dejaba muy entusiasmado.

Desde entonces y por años, suelo escuchar el disco, es casi anecdótico que Yakuza es una de las canciones que mas tarareo en mi día a día.

Volviendo al disco, se trata de una obra de grueso calibre.  Musical y técnicamente hablando, las mezclas son perfectas, los acompañamientos que lleva el disco, grabaciones que simulan intervenciones galácticas con sonidos añejos, un sonido  maciso y unos acordes demasiado pegajosos.

La banda que este año vio irse a uno de sus fundadores (Pablo Ilabaca), decicio celebrar los 20 años del lanzamiento de este disco y esto además de ser genial, es un: “cresta que estamos viejos”.  Obviamente tenía que ir y acompañado de Bruno mi hijo, quien después de tantos años escuchando mi música esta banda no hace la excepción y se conoce las canciones y mi bella esposa, que es una nueva fans de los “chancho”.

Domingo 14 de octubre y un repleto Teatro Caupolican, un escenario semi-central que no dejo de ser una apuesta, pero que sin duda brindo más cercanía con la banda y el público.  El repertorio no necesitaba anuncio y se le agregaron algunas canciones extras que hicieron que la velada superara las 2 horas.  La banda como siempre mostrando mucha energía y buena onda arriba del escenario, quizás el único punto negativo es que al menos desde la tribuna izquierda no se oía muy bien la voz del Lalo (voz principal o secundaria, esto no me queda muy claro, porque Felipe canta en “casi” todas).

Chancho en Piedra
Ríndanse terrícolas 20 años

Los presentes cantamos y disfrutamos de una gran noche, fue genial y no puedo pasar por alto este disco y este evento, que me disculpen los “chancho” por haberme demorado tanto en terminar esta nota, nota que quizás nunca lean y que quizás no les hace ni la mitad del honor que merecen.

Pero a quien lea este post lo invito a escuchar el disco, les aseguro que les cambiará el día (el oink), quizás la vida…obviamente para bien.

Sin ser

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser,
perdido en una historia que se adueña de mi, sin ser.
Clamo por la esencia, por la vida y por la fuerza, no me reconozco,
clamo por respirar la tierra, por embriagarme en simpleza,
no me reconozco.

Las ilusiones me han llevado a navegar sin destino, me invade el placer,
no hay rumbos, tan sólo son ilusiones, me atrevo a invocar la inocencia.
El reloj avanza con prisa, como si quisiera arrebatarme el pulso, sin ser,
he renunciado, me he olvidado, he desertado, no me reconozco.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, necesito ser,
fiel a mi mundo, a los que han sido mis sueños, necesito ser.
Clamo por encontrarme, por saber que nada es en vano, reconocerme,
clamo por volver a sentir que vivo, puedo gritar, puedo sentir,
lo que más deseo es vivir.

Lucho con el destino ajeno de quienes viven dormidos, me ahogo en penumbras,
a mis espaldas se esconden los miedos, ajenos, mezquinos, sin ser.
Las hojas vuelven a brotar, el sol me saluda con fuerza, y yo vuelvo a nacer,
me escondo en sombras que no me pertenecen, sin ser,
me apago por pretender, me ahogo por contener, muero, sin ser.

Y clamo desde las profundidades de mi alma, sin ser.

 

El día en que muera

El día en que muera espero sonreír, aunque la muerte me lleve por sorpresa, aunque se presente cuando ya no goce de plena consciencia, aferrado a la nada pero navegando a través de un océano infinito de bellos recuerdos, de momentos de integridad espiritual y emocional, suspirando por aquellos suspiros que me regaló el amor, fascinado con tanta sorpresa que me presentó la vida y que de momento, tal vez no supe comprender.

El día en que muera deseo ver las huellas, mirar atrás y contemplar la vida de aquellas personas a las que les obsequie al menos una sonrisa, aquellos que fueron felices conmigo y que se sintieron importantes con mi atención; no importa cuantos sean, no importa que tanto influí en sus vidas, sólo quiero saber que ese granito surtió efecto, con una mirada, con una sonrisa…una dulce sonrisa.  Mientras escribo reflexiono acerca de las bellezas de la vida me pregunto: ¿seremos conscientes que lo más hermoso que poseemos es la capacidad de sonreír?, ¿que el mejor regalo que podemos entregar es una sonrisa sincera? una sonrisa de lado a lado, sin prejuicios, ni ataduras.

El día en que muera quiero volver a ver a todas esas personas maravillosas que me dieron su cariño, a todas esas personas que sin esperar nada a cambio, hicieron para mi un gesto amable, un gesto de cariño, un gesto de amor.  Quiero ver una sonrisa en sus labios, deseo que gocen de la vida y que la vid les bendiga con muchos años de felicidad y plenitud.

El día en que muera quiero encontrarme con los que se fueron antes y que tanto hube de extrañar, para decirles todas esas cosas que no les dije cuando respirábamos, cuando merodeábamos por la vida terrenal.  Quiero abrazar nuevamente a mi cachorro, a mi amigo, a mi hijo perruno; de seguro sabrá cuanto lo he extrañado, y quizás también sabrá cuantas veces lo he llorado.  No lo veo, pero lo siento cerca mío, todo el tiempo y sin importar donde me encuentre.  Lo llevo tatuado en mi pierna izquierda, caminamos juntos, recorremos la vida juntos, sé que me escucha, sé que me acompaña en esos momentos en que la vida se vuelve un poco más hostil que de costumbre.

El día en que me muera quiero hacerlo sabiendo que cumplí mi misión, que cumplí la tarea y soy digno de escalar a un próximo destino.  Quiero morir sabiendo que se viene un encuentro, que hay una fiesta y el lugar es el infinito.

El día en que muera quiero iniciar el mejor tour de mi existencia, detenerme sin apuro a contemplar las estrellas, tal vez contarlas -porque en vida lo he intentado un par de veces y siempre he hallado excusas para abortar el objetivo-, excusas como lo rápido que pasa el tiempo, o porque perdí la cuenta por no estar del todo concentrado, por haberme instalado en un campamento lejos de la ciudad y me empalado en frío o quizás porque tuve miedo a la oscuridad permanente, al silencio de la noche a solas, en medio de la nada y del todo.  Quiero que el tour sea sin apuros, sólo un viaje de ida, sin un retorno anunciado, quiero volar, navegar, reír…

El día en que muera quiero ver su rostro, quiero conocer al que tantas veces suplique, al que tantas veces me encomendé.  Quiero ver su rostro para agradecerle, para pedirle una vez más, pedirle que un descanso eterno, un descanso que me permita seguir.

Hay veces en que me pierdo en mi propio mundo, en las banalidades que me descolocan y en las complejas interpretaciones del sentido absoluto de la existencia.  Hoy mientras estoy vivo, -lucho a diario por ser digno-, por gozar de esa vida plena, por sonreír, por ser feliz y esperar tranquilo ese día especial, el día en que muera.

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