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El día en que muera

El día en que muera espero sonreír, aunque la muerte me lleve por sorpresa, aunque se presente cuando ya no goce de plena consciencia, aferrado a la nada pero navegando a través de un océano infinito de bellos recuerdos, de momentos de integridad espiritual y emocional, suspirando por aquellos suspiros que me regaló el amor, fascinado con tanta sorpresa que me presentó la vida y que de momento, tal vez no supe comprender.

El día en que muera deseo ver las huellas, mirar atrás y contemplar la vida de aquellas personas a las que les obsequie al menos una sonrisa, aquellos que fueron felices conmigo y que se sintieron importantes con mi atención; no importa cuantos sean, no importa que tanto influí en sus vidas, sólo quiero saber que ese granito surtió efecto, con una mirada, con una sonrisa…una dulce sonrisa.  Mientras escribo reflexiono acerca de las bellezas de la vida me pregunto: ¿seremos conscientes que lo más hermoso que poseemos es la capacidad de sonreír?, ¿que el mejor regalo que podemos entregar es una sonrisa sincera? una sonrisa de lado a lado, sin prejuicios, ni ataduras.

El día en que muera quiero volver a ver a todas esas personas maravillosas que me dieron su cariño, a todas esas personas que sin esperar nada a cambio, hicieron para mi un gesto amable, un gesto de cariño, un gesto de amor.  Quiero ver una sonrisa en sus labios, deseo que gocen de la vida y que la vid les bendiga con muchos años de felicidad y plenitud.

El día en que muera quiero encontrarme con los que se fueron antes y que tanto hube de extrañar, para decirles todas esas cosas que no les dije cuando respirábamos, cuando merodeábamos por la vida terrenal.  Quiero abrazar nuevamente a mi cachorro, a mi amigo, a mi hijo perruno; de seguro sabrá cuanto lo he extrañado, y quizás también sabrá cuantas veces lo he llorado.  No lo veo, pero lo siento cerca mío, todo el tiempo y sin importar donde me encuentre.  Lo llevo tatuado en mi pierna izquierda, caminamos juntos, recorremos la vida juntos, sé que me escucha, sé que me acompaña en esos momentos en que la vida se vuelve un poco más hostil que de costumbre.

El día en que me muera quiero hacerlo sabiendo que cumplí mi misión, que cumplí la tarea y soy digno de escalar a un próximo destino.  Quiero morir sabiendo que se viene un encuentro, que hay una fiesta y el lugar es el infinito.

El día en que muera quiero iniciar el mejor tour de mi existencia, detenerme sin apuro a contemplar las estrellas, tal vez contarlas -porque en vida lo he intentado un par de veces y siempre he hallado excusas para abortar el objetivo-, excusas como lo rápido que pasa el tiempo, o porque perdí la cuenta por no estar del todo concentrado, por haberme instalado en un campamento lejos de la ciudad y me empalado en frío o quizás porque tuve miedo a la oscuridad permanente, al silencio de la noche a solas, en medio de la nada y del todo.  Quiero que el tour sea sin apuros, sólo un viaje de ida, sin un retorno anunciado, quiero volar, navegar, reír…

El día en que muera quiero ver su rostro, quiero conocer al que tantas veces suplique, al que tantas veces me encomendé.  Quiero ver su rostro para agradecerle, para pedirle una vez más, pedirle que un descanso eterno, un descanso que me permita seguir.

Hay veces en que me pierdo en mi propio mundo, en las banalidades que me descolocan y en las complejas interpretaciones del sentido absoluto de la existencia.  Hoy mientras estoy vivo, -lucho a diario por ser digno-, por gozar de esa vida plena, por sonreír, por ser feliz y esperar tranquilo ese día especial, el día en que muera.

La puerta de las dudas

La puerta de las dudas…

Se asoma cuando entre las sombras surgen los miedos,
cuando entre las personas, grises se vuelven las miradas,
cuando el destino desconoce, líneas manchadas y turbias,
cuando se pierde la magia, la gracia y la confianza.

La puerta de las dudas, puerta de penumbras, puerta de sombras,
paso a un desierto que con su manto de arena esconde la vida,
sin necesidad de concederle un minuto, colma en silencio, colma en desdicha,
flor perdida, llena de heridas, matices de la muerte, de la muerte en vida.

La puerta de las dudas, semilla que se fermenta en la noche,
entre las ruinas que deja la vida y que se alimenta del miedo, del pasado y del tiempo.
La puerta de las dudas, paso indeseado, paso que los torpes validan,
a sus espaldas la carga acumula, entorpece su andar y se eleva por sobre sus huesos.

La puerta de las dudas, paso a un submundo donde no hay vida,
la puerta de las dudas, paso a una vereda que no concibe la luz,
la puerta de las dudas, afán sin retorno, siembra locura, cosecha la histeria,
la puerta de las dudas, la llave es oscura y se esconde entre los pensamientos y el misterio, permanece dispuesta y eterna entre los necios.

Los muertos sí hablan

Los muertos ¡sí hablan!,
los he oído murmurar a lo lejos,
siempre a escondidas,
no hablan de sí,
porque no tienen vida,
pero hablan y no se cansan de hacerlo.

Los muertos ¡sí hablan!,
se reúnen a hablar,
hablan y hablan, incluso critican,
esto sí que les gusta,
no hablan de si,
porque no tienen vida,
pero hablan y no se cansan de hacerlo.

Los muertos ¡sí hablan!
susurrantes y errantes llenos de miseria,
su carne putrefacta está intacta,
sus pensamientos vacíos llenos de nada,
no hablan de sí,
porque no tienen vida,
hablan de los vivos, de los que envidian.

Los muertos ¡sí hablan!,
hablan y no tienen de que hablar,
no tienen más motivos que mirar,
miran a los vivos para tener de que hablar,
hablan de los vivos,
porque en sus almas no tienen nada que aportar.

Siempre a escondidas,
los muertos ¡si hablan!

Fuiste un 10

No puedo dejar de despedirme de ti, no puedo dejar agradecerte lo bueno y malo que sucedió mientras estuvimos juntos, no puedo omitir que tu presencia fue a veces emotiva, a veces tormentosa, a veces lúcida y otras tantas, un tanto desesperada.  Pasamos momentos difíciles y me avergüenzo porque luego de que estos al parecer se transformarán en rutina, sin darme cuenta, comencé a culparte de mí -tal vez- mala suerte, comencé a endosarte la responsabilidad de mis baches y cité al tiempo para que te alejara lo más rápido de mi vida.
Adquiero un tanto de conciencia y te agradezco los momentos buenos, las risas (que fueron muchas), el amor y el romanticismo que en definitiva fue la rueda fortuna que se apodero de mí y que anhelo sea para el resto de mi vida.  Durante tu presencia y sin recelos, viste como me aferré al amor de mi vida, me embarqué en el proyecto más importante de la vida de un hombre.  Hiciste que la luz del día adquiriera más brillo, que las noches volvieran más templadas, hiciste de las frías sombras un recuerdo.
No puedo dejar de pensar en que las esperanzas se renuevan, no sólo porque ya te vas, dado que fue algo permanente, día tras día mientras estuvimos juntos.  Es algo que no puedo atribuirte ni consignar para ti como un trofeo, es algo que llevo en esencia, porque entiendo que la vida es injusta, que la vida es una rueda que gira y gira, que a veces somos luz y otras veces oscuridad.  Entiendo que cada día es un nuevo rezo, una nueva instancia, una nueva oportunidad.
A veces veo el odioso actuar de unos pocos, veo como la envidia oscurece sus almas, veo como la abulia hace que se les pase la vida, sin razón, sin motivos, tendidos en su comodidad, sin brindar valores ni decencia, al andar de los más necesitados, a la vida de los que heredarán nuestro mundo.  Esto no me asusta, aunque en ocasiones me preocupa, algo que comprendí con el tiempo, es que son infinitas las consecuencias del amor y limitadas las del odio.
Me siento esperanzado porque intuyo que los buenos hombres no se conforman, son exploradores, soñadores y por sobre todo cazadores; cazadores que desean capturar aventuras, comprensión, cariño, su anhelada presa es el amor, amor para dar, amor para compartir.  Sin mencionarlo, no gritan sus intenciones al mundo, tal vez ni siquiera saben la virtud que poseen dentro de sus corazones.  Abuso de mi intuición, me dice que confíe, porque en este mundo de soledad y silencio, lo que abunda es la bondad y la compasión.
A estas alturas haces de tu presencia y mar de abrazos, despedidas y bienvenidas, haces de ti un cambio de ciclo, en mi mente, en mi corazón.

Recuerdo que mientras te acercabas estaba ilusionado, emocionado y por sobre todo entusiasmado por tu llegada.  Te esperé con ansias y vi como quienes me rodean se alentaban de igual manera; como si fueras a salvarnos el pellejo, como si por arte de magia nos traerías prosperidad, amor, salud y dinero; todas esas cosas mundanas que de seguro no sólo yo y mis cercanos te pidieron, sino que todos los que buscan un ente externo para aferrar sus esperanzas.
Te agradezco cada momento, cada suspiro, cada amanecer, cada silencio.
Fuiste un 10, porque 2 + 0 + 1 + 7 es igual a 10, ¡sólo por eso! y sin titubear le digo al venidero: “Que tu virtud y tu presencia sean más pausadas, que tu dicha y tu aliento sean la fuente de inspiración para comprender lo que es verdadero y hacer de nuestras vidas, una instancia de armonía, una sesión fraterna, una ocasión para saciar el hambre de nuestro corazón”.
Bienvenido 2018