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Revelaciones Parte VII – Para llegar al cielo hay que atravesar por el infierno

“En mis ojos yace la luz de la vida; el camino está iluminado, preparado para aquellos que deseen encontrarse consigo mismo una y otra vez”.  Revelaciones Parte III – Yo soy Él.

La sangre se impregna en los harapos de seda, mezcla de sudor y tierra.  Silencio, clamor y miedo, pasajes forzados entre la luz y el vacío.  La sangre se impregna en los harapos de seda, caminos desconocidos, ya no hay conciencia.

Un traje elegante para un viaje sin fin, espigas verdes y rosadas decoran aquel último lecho, la incógnita de la vida se vuelve cada vez más sensible y estremece los sentimientos de los hombres, brotan lágrimas e infinitos recuerdos, -¡se derrocha nostalgia!.  Por momentos la tímida fe abraza hasta los más escépticos, la culpa es breve y sacude el pensamiento.  En un ritual que cita paisajes de eternidad y perdón descansan las esperanzas, periplo hacia la salvación en frases de la eterna promesa, torpe ilusión que esconde el inminente descenso, aquel recorrido a través de las sombras.

No hay cielo sino antes infierno, no hay luz sino antes oscuridad.

Clamo por mi alma desnuda que yace a los pies de Lucifer, me desafía por intentar sanar mis heridas, por arrepentirme de las faltas cometidas en vida.  El enviado al abismo ha construido una fortaleza a fuerza de hierro, fuego y el castigo de sus esclavos.
Las puertas son sombras envueltas en llamas, el hedor que emana de entre las ruinas es una señal de que los cuerpos sufren el asedio del fuego.  Desesperación, angustia, bramidos y también silencio, revelan a cada nuevo visitante que las declaraciones terrenales eran severas pero extremadamente ciertas.  Fue la fortuna o desdicha de Dante, paradoja entre salmos y aciagos para revelar lo que es el infierno.
Ni la purificación del credo, ni la contemplación divina suprime los pecados.  El fuego se alimenta del miedo que brota de las entrañas de todo cordero que se opone a entrar en el averno, perpetuados por no avanzar por las siniestras avenidas en llamas.  La oscuridad sólo se extingue ante las brazas que encierran las almas, unos tras otros, imposibles de disentir, imposibles de liberar ni ayudar.
El infierno, lugar de oscuridad y sombras, oasis de lamentos y por sorpresa: de tristes recuerdos.  Entre gritos de desesperación y sufrimiento puedo distinguir voces, resistido sentimiento que brota desde la débil luz que refleja mi alma, resistido a sentir la presencia de aquellas voces que me provocaron dolor.  Instantáneamente creo reconocer una voz, una voz que yacía dormida entre mis recuerdos más oscuros, que tantas veces me susurró, ese tono suave y sutil que presa de su propio egoísmo destrozó mi corazón, portadora del miedo, rostro de la traición; pero que más allá del dolor que me causó, con los años pude perdonar.  En medio de la confusión me inundo en tristeza, pues más allá de las heridas aún abiertas, recé para que su alma descansará en la virtud del Padre.  Se elevan las dudas y desata un nuevo infierno, el temor de encontrar almas que en vida fueran fuentes de amor e inspiración y que la opción de auxilio sea un imposible.  No hay manera de comprender, fugaces alumbramientos de lo que en vida llamaríamos la conciencia no son suficientes, todo se torna aún más oscuro, el dolor más intenso, esto es el infierno.

No hay cielo sino antes infierno, no hay luz sino antes oscuridad.

No hay anhelos, ni buenas intenciones, paraje obligado donde se deben expiar o petrificar los pecados, lo primero os acerca a la gloria, lo segundo os condena en vida eterna a una prisión de llamas, a la miseria del recuerdo sufrido, al castigo severo del caído.
Almas desesperadas atrapadas en un pantano de faltas, el dolor provocado les ata y les impide seguir las sendas en llamas, imperantes son las sombras, penetrantes las llamas.  El tiempo es violento y apremia tal como lo hiciera en la vida moderna, hay prisa y reglas difíciles que descifrar, las puertas del cielo se alejan y se vuelven cada más estrechas.

No hay cielo sino antes infierno, no hay alivio sino antes sufrimiento.

El perdón no reposa en la simplicidad de reconocer las culpas, es más bien el arrepentimiento lo que representa el inicio de un ritual conducente al verbo, el perdón es un acto de amor pero en esencia y consecuencia la valía de padecer el sufrimiento ocasionado, como tal es un acto de reciprocidad y ante todo de humildad, de padecer de manera abierta y voluntaria el dolor causado.  El azote tormentoso es un camino oscuro que se debe cruzar de manera inminente.  Los pasajes del infierno revelan de manera incesante cada uno de las faltas ocasionadas, es un calvario funesto, es la manifestación pura del sufrimiento, un castigo eterno para quienes no sepan encontrar el perdón del Padre, el perdón de su propia alma pues ahí mismo se encuentra el paraíso.  El infierno puede ser un instante como puede ser una eternidad.
No hay cielo sino antes infierno, el cielo yace dentro de cada alma, de las almas perdidas y de las almas que triunfaron en vida.  No hay cielo sino antes infierno.

El paraíso paraje infinito de luz y colores, la cita prometida ante el Padre, el Creador, el Gran Arquitecto, ante Dios.

Laberinto infinito se oculta en vuestra alma, es el paso entre el infierno y en la divinidad y el cielo.  Almas oscuras, almas sinceras, almas de luz, almas de sombras, una vez que os separeis del cuerpo: “Para llegar al cielo hay que atravesar por el infierno

Revelaciones Parte VII –  Para llegar al cielo hay que atravesar por el infierno

Revelaciones Parte II – Palabras de mi Madre

“Ha semejanza del padre en la virtud, fecundo de la vida, de la semilla.  Entre ríos y polvo se encuentra el Padre abrazando a sus hijos”.  Revelaciones Parte I – Creación

Con su mirada bondadosa me enseño las primeras frases del amor, palabras que vienen de mi esencia, palabras que brotan de mi virtud, virtud en gozo e inocencia, virtud que da luz y oscuridad, de la virtud que he dejado en el corazón de mi semejanza, y que brota por la inmensidad su fe.
Con su mirada bondadosa me habló mientras dormía, lo hizo con su voz cálida, tierna y susurrante, me habló de una luz infinita venidera de mis manos, me habló de la vida más allá del pensamiento, del espíritu que me abraza en todo mi ser y que ocultare entre los hombres, para que a través de el puedan ver al padre y a través del padre puedan verse a sí mismos.
Con sus manos acaricia mi rostro, intentando sanar las heridas que aún no tengo, sanando las heridas que aún no comprendo y que con el paso del tiempo los hombres de corazón débil rasgarán castigándome por su incomprensión, por su falta de fe, por su egoísmo y por su comprensible temor.  Heridas en mi cuerpo, llagas en mi piel, mi sangre-vuestra sangre derramada en la tierra, semilla del perdón y de la bondad se esparcirá en el infinito para llegar a todos generación tras generación, del padre al hijo y del hijo-padre al hijo, palabras de mi sangre, memoria al dolor del Padre y del Hijo.
Palabras de mi Madre.  Con su mirada bondadosa me hablo de un ángel, un ángel mensajero, un ángel que camina a paso lento por entre los sentimientos de mis hermanos, sus hermanos.  
A través de la luz recibo la vida, vagabundo soy por una noche y me paseo por entre las estrellas, un lugar que se torna especial pero del todo familiar, un fenómeno provocado por la mirada perdida que me domina, por saber que mis manos son la creación, por saber que mis manos son fuente de energía.
Palabras de mi Madre, palabras de vida, puente entre un universo explorado por las dudas y el infinito.  Me detengo un instante, mi llegada esta anunciada por los profetas que usan mi luz para anunciar confusiones, para otorgar caminos de vida eterna que sólo el Padre puede dar.  Anuncian mi venida, anuncian un plazo, con soberbia incitan al fin.
Mujer que entre sus brazos cansados me cubre sin importar su dolor, me alimento de su pecho cálido, brotan su calor y su pureza, hijo de la tierra y del Padre Celestial.
Palabras de mi Madre brotan de su voz y se inspiran en mi Padre, encienden una llama en mi alma para así mantenerme rodeado de su don, de su fe, de su virtud.
Con devoción hacia mi padre recibo plegarias y esperanzas, ilusiones y lamentos.  Portador de ilusiones, portador de las lagrimas del hombre veo como derraman la sangre de mis hijos, sus hermanos, en una lucha sin sentido que pretende acercarlos a mi reino, al palacio infinito de mi padre.  No os acerca ni os aleja, sólo los aleja de sí, los aleja de su propia convivencia, los aleja del perdón, y de la inmensidad terrenal.
Palabras de mi Madre, soy luz y oscuridad, soy vida, muerte y resurrección, soy el infinito, soy el tiempo, creador del universo, soy luz.
Palabras de mi Madre, mi protectora en este mundo, madre poseedora de una divinidad inmaterial, protectora de mis hijos, protectora de mi luz y de vuestra fe.

Revelaciones Parte II – Palabras de mi Madre

Revelaciones Parte VI – ¿Acaso no sabéis que sois dioses?

“En mis manos yace la fuerza; la eternidad no tiene estrías ni yagas. En mis manos puedo encerrar el infinito”Revelaciones parte III – Yo soy Él

Su voz susurrante me invitó despertar de un profundo sueño, me invitó a despertar a pesar de no estar dormido. Me habló:
¿Acaso no sabéis que sois dioses?
He dejado en ti todo lo que necesitas, desde tu primer día en este mundo – he dejado en ti todo lo que necesitas-.
Por las noches he oído que me hablas, algunas veces con calma y en otras algo desesperado, me inquietas cuando te oigo llorar y me preocupas cuando observo que no sientes la fuerza ni las ganas para recibir el brillo del día en tu rostro, el brillo del día en tu alma.
Fuiste escogido para liderar el universo, para crear o destruir, para aprender y enseñar, para iniciar o terminar, para observar y luego comprender.
Fuiste escogido para navegar en un mar de alternativas, para elegir o rechazar, para encender la luz o dejar al universo sumiso ante una interminable oscuridad.
Fuiste escogido para dar vida, el Edén fue por siempre el regalo que elegí para ti, para que trabajes la tierra y en su fruto encuentres el amor.
Fuiste escogido para anunciar mi voluntad, para perdonar o castigar, en ti nunca hubo pecados ni sesgos de dolor.
Sin más debes entender que antes de llegar a mi, debes encontrarte contigo mismo, debes oír la voz de tu corazón, debes conocer tus fortalezas y aprender de lo que te debilita. Debes amar y darlo todo para ti.
Antes de hablarme cada noche, habla contigo mismo. Observa el universo que has creado, observa el poder que posees, observa tus manos y la fuerza eterna que hay en ellas.
Antes de hablarme cada noche, busca la manera de encontrar la perfección, busca la manera de hacer contacto con el universo que has creado, busca la manera de seguir creando, pues en ti he confiado el infinito.
Antes de hablarme cada noche, saborea cada momento grato de tu día -en la piel de una sonrisa encontraras la felicidad-, haz la paz con tu pasado, el universo que haz creado ha sido tu arte, tu creación, tu camino a la perfección.
Antes de hablarme cada noche, siente la plenitud y la fuerza, siente la vida y el amor que te rodea.
He dejado en ti todo lo que necesitas, desde tu primer día en este mundo – he dejado en ti todo lo que necesitas.
Revelaciones Parte VI – ¿Acaso no sabéis que sois dioses?

Escrito por Jorge Eduardo Rojas
Sábado 30 de enero de 2010

Revelaciones Parte III – Yo soy él

Si él supiera quien soy, si él tan sólo imaginará el poder que hay en mi esencia. Pasivo y saciado de una reflexión eterna -sé, que si él lo supiera no dudaría ni un sólo instante en aferrarse a mi pies.
Si él supiera quien soy, si él tuviese la fuerza de buscar en el horizonte. Calmado y bañado por las fragancias de la naturaleza virgen -sé, que si él conociera sólo una parte de mi existir no dudaría ni un sólo instante en unirse a mis mandados.
Si él supiera quien soy, si él tan sólo hubiese oído un susurro de la voz que me visito. Paciente a pesar de haber sido lanzado a destruir las fuerzas de aquel ángel caído -sé, que si él encontrará en mis ojos la verdad de la vida no dudaría ni un sólo instante en gritar mi nombre en señal de libertad.
En mi olfato yace la esencia, en mis oídos la magia, en mis manos la fuerza, en mi boca esperan las respuestas y en mis ojos se enciende la luz y la vida.
Si él supiera quien soy, si el tan sólo se acercara en espíritu. Holgado y redimido de los pecados del hombre -sé, que si él caminara desnudo en busca de respuestas no tardaría en dominar la luz y pronunciaría mi nombre en señal de perdón.
En mi olfato yace la esencia; el aroma de esta vida no es aquel buscado por el hombre.
En mis oídos yace la magia; su palabra es alegría.
En mis manos yace la fuerza; la eternidad no tiene estrías ni yagas, en mis manos puedo encerrar el infinito.
En mi boca yacen las respuestas; escritas para aquellos que buscan misericordia sin pretender entender el Por qué.
En mis ojos yace la luz de la vida; el camino esta iluminado, preparado para aquellos que deseen encontrarse consigo mismo una y otra vez.
Si él supiera quien soy, si él tan sólo distinguiera el camino. Amparado y cobijado por la bendición del padre -sé, que si él oyera los gritos de la vid no tardaría en encontrar el camino y clamar para que mis manos sacien su angustia.

Yo soy él – Revelaciones Parte III

Escrito por Jorge Eduardo Rojas
Sábado 1° de agosto de 2009