MountainBike en el desierto de Atacama

Cuando me inicié en el mountain bike el primer desafío que me encontré en las redes sociales fue el Atacama Challenger, creo que era la 1a edición; se lo comenté a los amigos con los que pedaleaba por ahí por el año 2013, no tuve mucho quorum y la verdad es que sabía que se trataría de una odisea de grueso calibre, por lo que las ganas de cumplir el objetivo se disolvieron.

Con el paso de los años fui testigo de como varios compañeros de entrenamiento se la fueron jugando, completando el desafío también conocido como ATACH.

A comienzos de este año, sin tenerlo ni siquiera en mis pensamientos apareció la oportunidad de ir, mi amigo y entrenador Ricardo López me llamó para decirme que tenía una inscripción de una alumna que por razones de trabajo no podría asistir.  Piénselo, me dijo…y lo hice.  Al cabo de uno o dos días tenía la respuesta.  No era una decisión sencilla, por varias razones.  Había entrenado poco o nada, suelo evitar pedalear en los horarios donde el sol se hace más intenso y sabía que se trataba de un desafío extremo.

Mi esposa me instó a tomar el reto, lo que significaba que tenía todas las bendiciones necesarias para hacerlo, sobre todos los tan escasos bicipuntos xD.

Cuando le comuniqué mi decisión a Ricardo, me indicó quien me cedería la inscripción.  Me puse en contacto con Beatriz Godoy, quien había asistido a todas las versiones de ATACH y que este año, por un cambio de trabajo le sería imposible viajar.  La Bea desde el primer día que hablamos me fue dando tips y transmitiendo la alegría que significaba que pudiera correr por ella.

Hice los trámites de rigor, compré los vuelos y gestioné el arriendo de un hostal y lo más importante una vez aceptado el desafío, comencé a entrenar.  Preparamos sesiones de intensidad y trabajo específico, tuve además la suerte y como si fuera poco, de ganarme una inscripción al Gran Fondo Merrell Portillo, según los pronósticos del coach sería una carrera que me haría sufrir bastante pero que aportaría en buena base a la preparación del objetivo principal.

Los días avanzaron con la rapidez habitual y ya estábamos ad portas de tener que viajar, por las noticias me enteré de una huelga a nivel nacional de los trabajadores de LATAM, lo que comenzó a generar una serie de cancelaciones de vuelos y reprogramaciones, de una u otra forma ponía en duda la opción de materializar el viaje.  Finalmente, me cambiaron de línea aérea y llegué a Calama, para rápidamente dirigirme a San Pedro de Atacama.

Ya instalado en el hostal campo base (lugar más que recomendado, sobre todo si viajas en solitario) y según lo planificado nos encontramos con Eduardo Ibaceta, un amigo de los tantos que me ha dado este hermoso deporte. Armamos las bicicletas, retiramos los KIT y fuimos a pedalear “suave” por el camino que lleva al paso fronterizo con Argentina.San Pedro de Atacama

La Bea nuevamente comienza a jugar un rol importante en esta locura, además de darme su inscripción, me fue entregando tips día a día de como ir llevando a cabo cada etapa, consejos sabios y bien intencionados, viniendo además de una ciclista que estuvo en todas las ediciones precedentes, por lo tanto, sus consejos tenían sustento en esos kilómetros y kilómetros de terreno desértico que la empolvaron y la hicieron sufrir en el pasado.

Una cazuela en la picada “Las delicias de Carmen”, charla técnica, a descansar y a ver los últimos ajustes de la bicicleta, el camelback, los geles, etcétera.

Día 1: viernes 27 de abril.  Amanecí muy congestionado y con algo de jaqueca, debió ser que mi cuerpo aún no se aclimataba a la altura.

En fin, los nervios del primer día, del terreno desconocido, la ansiedad por saber como será el desempeño y la sugestión provocada por quienes te decían que la altura sería el rival más complejo de superar.  Todo lo anterior fue cierto, un terreno maravilloso pero hostil, un sol potente que nos acompaño por suerte de manera intermitente.  El trabajo sobre la bicicleta era pedalear y pedalear, mantener el equilibrio y el ritmo en las dunas que se cruzaban por todo el camino.  Comenzamos a las 9:30 a 2.400 metros sobre el nivel del mar y terminamos a casi 4.000, en un tramo que no superó los 33 kilómetros en dirección específicamente a las faldas del volcán Licancabur.  Fue una jornada completa, que me demostró que estoy más que vivo, ya que por momentos quise abortar misión, en tramos el trabajo físico era tan brutal que tuve deseos de vomitar.  Vi competidores tirados en el suelo, acalambrados, exhaustos, casi sin poder respirar.  Ya en la meta y luego de 3:23 hrs, me invadieron una serie de emociones, recordé los consejos más certeros, pensé a mi esposa e hijo, se me cayeron un par de lagrimones (gracias a los lentes de sol, pase piola).  Me encontré con Charles Rivera, conversamos, nos sacamos un par de fotos y comenzó la felicidad y el orgullo de haber cumplido en buen tiempo un desafío al límite.

El premio post ducha fue un sabroso Pollo a lo pobre y una michelada en la “Picada del Indio” .  Amena conversación con el Edu, orgullosos, pero muy cansados.

Por la noche, viendo el resumen del día y en la charla técnica pude constatar que no fui el único que se emocionó en la meta.  Puede que la altura haya provocado ciertos grados de sinceridad y emotividad en muchos amigos que abiertamente contaban que se le salieron sus lagrimones al llegar a la meta.ATACH Etapa1

Día 2, sábado 28 de abril.  Haber superado el día previo te hacia pensar que cualquier cosa que viniera no podría ser peor, esta misma afirmación se oía de los que ya habían realizado el desafío en años precedentes.  En esta oportunidad nada de eso fue cierto, el segundo día para mi fue el más rudo desde el punto de vista físico y mental.  Doble kilometraje y casi la misma altimetría acumulada del día anterior, el doble de tramos con dunas por todo el camino y un sol, ¡porque sí que hubo sol y mucho calor!, sobre todo cuando cruzamos el Llano de la paciencia.  Hubo un par de esas subidas que tienes que ir agarrado a la bici, cargando el peso corporal hacia el manillar y apenas sentado en la punta del sillín, ¡claro! en el mejor de los casos porque de lo contrario no quedaba más que tirar cuesta arriba caminando, cargando la bicicleta como mejor se pudiera.

¡Pero que injustas mis anotaciones! el paraje era ni más ni menos que la misma garganta del diablo, el valle de la muerte y la quebrada de los tambores.  Sin duda lugares maravillosos, que te hacen sentir que estas en otro planeta, esto sumado a la notoria falta de oxígeno por efecto de la altura.

4:39 horas de carrera, me ubique en la posición Nº275 de cerca de 1.000 corredores en total.Valle de la muerte

Día 3, domingo 29 de abril.  Los días previos no quede mal, sino que muy mal encajonado, sumado que a los Master B y posteriores, nos tenían en un segundo grupo, a unos 50 metros de la partida, de hecho, esto implicaba diariamente 1:30 minutos desde la largada hasta que pasaba por el pórtico.    El tercer día quede un poco mejor encajonado, pero como la cosa hay que sufrirla, el hecho de haber sacrificado presión de aire con el fin de lograr una buena adherencia en el terreno suelto, el ruteo sobre el asfalto hasta el “Valle de la Luna” se me hizo caótico, una vez en tierra pude agarrar ritmo y seguimos poniéndole con todo lo que tenía.

Para atravesar el místico valle había que trepar un buen asenso por camino ancho pedaleable, luego lo típico, una bajada de terreno arenoso y muchas piedras sueltas…kilómetros de desierto y volvimos a cruzar hasta el valle de la muerte, incluso atravesamos en sentido contrario por lugares que habíamos aplastado el día anterior.  Los últimos kilómetros eran bastante planos, sin embargo, apareció un obstáculo que no pensé que me iba a intentar frenar la marcha, un viento cruzado hizo que el cansancio se volviera intenso y como siempre, una vez más tuve la fortuna de colarme de un grupo que iba trabajando en relevos, me sume a chupar rueda y a tirar con ganas, con ganas de terminar, con ganas de finalizar el desafío, de comenzar a saborear el triunfo personal.  En meta feliz, abrazado al grupo de compedales con los que hice los últimos kilómetros.  Pura emoción.

Momentos épicos para contar, momentos épicos para recordar y por sobre todo, para sentirse orgullosos de haber superado.ATACH2018

El adios de Ozzy Osbourne

El conocido como príncipe de las tinieblas ha anunciado que si bien seguirá activo, no hará más giras mundiales y solo estará presente en algunos festivales en Estados Unidos y Europa.  Si bien el maestro del espectáculo metalero podría incluso volver a meterse al estudio, lo más probable es que en Chile y Sudamerica no podamos volver a verlo en vivo.

Sin embargo, en un mundo paralelo muy cercano, el “Tour de despedida” comienza a ser un discurso un tanto trillado y del cual han abusado varias bandas clásicas de la escena rock, incluyendo a Black Sabbath quien tras anunciar su retiro sumará al mismo Ozzy Osbourne como miembro original para girar en despedida.  Podemos culpar al de siempre, al manager que sólo busca rentabilizar las giras.  La amenaza de una despedida es un “match point” a la hora de llenar los estadios y recintos donde se presentan estas bandas, tal ha sido el caso de Scorpions que incluso llegó a repetir la gira del adios debido a su éxito.  Meses más tarde se metieron al estudio y volvieron a grabar.  El disco, el discazo que sacaron es cuento aparte.

Pero vamos al punto, Ozzy anunció que dejará de hacer giras y ante magno aviso, el tour no podía ser menos y tuvimos la suerte de verlo junto al brillante Zack Wilde, quien es para muchos el guitarrista de la mejor época de Ozzy, al menos comercialmente hablando.  No olvidemos que de manos de Zack se grabó el disco No More Tears. Pedazo de disco, mi disco favorito de Ozzy y unos de mis favoritos del metal.

Martes 8 de mayo, el movistar Arena estaba repleto, creo que solo podían entrar unas decenas más en el sector sur poniente de la cancha, lugar que estaba bloqueado por la muchedumbre que atestaba el único acceso a la pista principal.  Estimo cerca de 8.000 personas.

Ubicado en la platea alta, sentado, esperando tranquilo, con buena vista y recordando los años en que me metía a la cancha a vacilar en cada recital, hoy no me da para tanto, y me excuso en que prefiero las ubicaciones que me permitan ver y disfrutar de un show.

Se apagan las luces y un bombazo de entrada, comienza a sonar Bark at the Moon, en medio de la oscuridad aparece Ozzy con una chaqueta larga al más estilo drácula, salvo que en esta ocasión de color morado brillante.  El arena estalla, todos cantan y los headbunger’s se apoderan de la cancha.  Continua con Mr. Crowley y queda claro que tendremos una noche potente y sin descanso, no hay tregua con la próxima canción, se trata de I Don’t Know un temazo de la época de Randy Rhoads.  Está última canción me genera mucha nostalgia porque fue uno de los temas que más tributamos en Hijos de la Cebada, una de las bandas que tuve y en la que cantaba, o sea, cuando me creía Ozzy xD.

La fiesta no se detiene y trae consigo harto de lo clásico, suena Faries Wear Boots de Black Sabbath, los más nostálgicos de la época se la cantan toda, los demás escuchan y es que hay cierta división entre las épocas de Sabbath, deberíamos suponer que los presentes tienen preferencia al vocalista que tienen enfrente, sin embargo, si de Black Sabbath se trata hay un grupo importante que no sólo prefiere sino que venera los discos con Ronnie Jame Dio.

Zack Wilde se impone de manera perfecta y fiel a su estilo, a su sonido, a ese armónico en la guitarra que hace que lo puedas reconocer aunque interprete cualquier canción.  Suicide Solution, No more Tears y los más rockeros entre quebrados y emocionados parecen estallar, viene Road to Nowhere con ese arpegio y un sonido con la sutil distorsión que Zack no logra a través del efecto de su pedalera sino que a través del touch de su mano derecha.  Dios tocando guitarra.

Otro clásico de los Sabbath, War Pigs es la canción que nos marcó como generación, es la canción que todo guitarrista tocó o intentó tocar alguna vez, en el contexto, un riff tan chacreado como Smoke on the Water de Deep Purple. 

De pronto las luces se centran en el guitarrista, baja del escenario y se acerca lo que más puede al público, de una nota puente comenzó a tocar un solo, fue brutal, fue un paseo entre 4 tracks fenomenales, entre ellos, y aunque todos deseamos que fuera tocado de manera íntegra incluía Perry Mason.  Zack Wilde debe ser uno de los más talentosos de la época y lo que es más importante, deja un registro único en cada interpretación, algo que personalmente considero que lo hace auténtico y único.

Lo que vino a continuación fue el espacio propio del hombre de los tarros, aunque pese a su empeño y talento, no hace ni sombra a lo visto en los minutos previos.

La historia del último show continúa, Flying High Again y el público hace honor a la canción, Shot in the Dark, I Don’t Want to Change the World, Crazy Train este último es uno de los tracks esperados por la gallada, se nota y se siente como se canta a todo pulmón.  Ozzy comienza a anunciar el adiós del escenario nacional, por suerte es breve y los roddies hacen ingreso al escenario con una guitarra acústica posada sobre un atril, Zack vuelve a pisar el campo de batalla y comienza a sonar el intro de una de las canciones más emotivas del heavy metal, Mama I’m Coming Home y me la juego al decir que la mayoría de los presentes se emocionó, influenciado además por el feeling del solo de guitarra, es un momento para volar y dejarse llevar, termina la canción y Ozzy grita ¡una última canción! se trata de un temazo, es Paranoid, el ultra-mega-archi clásico de Black Sabbath…

He tenido la suerte de ver 4 veces a Ozzy Osbourne en vivo, incluido este show y la verdad es que sigue siendo genial y potente, un viejo lleno de onda y fuerza, parece un enfermo loco, desquisiado…parece a OZZY.

 

El rock en Chile

El gigante de streaming, Spotify ha publicado las canciones más escuchadas en su plataforma, y del análisis hay que decir sin anestesia que, Chile no es un país rockero.  A mi juicio hay 4 elementos relevantes que observar.  Antes es necesario dejar claro que los principales consumidores de música son los jóvenes, quienes, de adoptar una cultura musical del tipo que sea, la arrastrará a través de su vida.

El primero dato a considerar, es que hemos sido, generación tras generación importadores de modas, y no necesariamente nuestras adquisiciones son de lo mejor.  Es cosa de observar la situación actual y darnos cuenta que desde que el reggeaton irrumpió en las radios hace ya más de 10 años, ha habido un decaimiento en la música en general, teniendo presente que este tipo de música es altamente escuchada en las radios y plataformas pero no es una inspiración para continuar un legado o evolucionar dentro de la esfera.  No veo jóvenes soñando con ser estrellas del fenómeno, lo que en cierta forma me alegra.

El segundo factor, menos contemporáneo pero de una importancia clave a mi juicio, es que en la época que nuestros padres eran jóvenes, en Chile no se escuchaba o más bien prácticamente no se conocía el rock.  Los que sí, eran considerados muy raros por decirlo de una u otra manera.  A finales de los 60 mientras en latino-américa se oía música mexicana, española y argentina, en Europa y Estados Unidos las corrientes emergentes estaban en auge, bandas o solistas como Bob Dylan, Jimmy Hendrix, The Beatles, The Rolling Stone y Pink Floyd hacian de las suyas y marcaban un precedente crucial a lo que sería el consumo y producción de música en los años venideros.

El tercer factor es una consecuencia de los precedentes y es que en Chile han sido muy pocas las bandas relevantes en la escena rock y lo más complejo, lo que debería heredar y marcar la continuidad, es que no han sido fuente de inspiración suficiente o referentes a las generaciones posteriores.  Hablo en términos críticos y generalizados, los que marcan tendencias, los que lamentablemente tienen al rock por el piso.

El cuarto factor es que actualmente la gente no suele escuchar rock, no de manera habitual al menos, pero sí conoce las canciones, porque a estas alturas es imposible no haber oído a los clásicos o a las bandas más influyentes de nuestra época.  Va a los recitales, pero lo hace por un afán más taquillero, de cultura pop, que por la mera devoción a los músicos y su música.

En Chile habemos rockeros pero como dice un locutor por ahí, “somos una inmensa minoría”.

Por ahora me alegro de ser consciente y testigo de que pese a todo lo anterior, los chilenos somos un público activo, que vive a concho cada recital y eso se transmite.

Al menos por mi parte cito a Neil Young … Hey hey, my my, Rock and roll can never die.

Soñar con los angelitos

Soñar con los angelitos, es el deseo de un padre, de una madre, de un esposo o de una esposa, de un amante, de un pololo y quizás que otras tantas alternativas.  En mi caso, y con el beso amoroso que le doy a mi esposa para desearle las buenas noches, nace y se me vino a la mente hablar de este sueño, de este gentil deseo.

Se entiende la buena intención, desear una velada calmada, serena, profunda, y claro, en este caso, en la compañía celestial de “los angelitos”.

Pero la verdad es que “soñar con los angelitos” es un panorama que suena y se ve, re-fome.  Me imagino la promesa, un jardín verde y floreado, un sol brillante y una que otra nube de fondo, nube que es sólo un adorno al dichoso paisaje, los angelitos por su parte tocando el arpa aún ritmo relajante y que no hacen más que ser la antesala al mero aburrimiento.

En el contexto, al dichoso soñador no le quedaría más que danzar al ritmo de la música suave, inspirando lentamente el aire puro, estirando los brazos simulando un vuelo por el horizonte, silbando, tarareando las melodías que completan el lugar.  Tal vez la única manera de arreglar esta utopía sería declarar: “que sueñes con los angelitos y conmigo al ladito“.  Por ahí suena un tanto mejor, al menos acompañado y recorriendo el edén con buena compañía.  Aunque pensándolo bien ¡Sigue sonando fome!

Prefiero en cambio soñar con un ambiente donde haya buena música, ojalá harto rock, se sirvan cervezas heladitas y se pueda disfrutar de un buen asado y unas ricas pizzas, que el clima acompañe con un sol agradable y una piscina o una playa tropical sean el salón escenario principal.  ¡Todo lo contrario a soñar con los angelitos!  Sigo; sería genial dormirse sabiendo que el sueño será corporalmente pleno y relajado, pero que habrá de todo un poco, -emociones quiero decir-, un poco de sexo, un poco de desorden, un poco de desenfreno, algo similar a la locura buena, la locura divertida, esa que te lleva a gritar de alegría y emoción.

¡Este último sí que es un buen sueño!

En adelante, cambiaré el ritual y le desearé a mi mujer y a todo el mundo, que no sueñen con los angelitos, les desearé que sueñen su mejor sueño, donde suceden las cosas que les encantan de sus vidas y que se realicen las que llevan tiempo deseando, pensando.

Os deseo que cada noche tengan un sueño intenso, ¡su mejor sueño!

En las cenizas de su último fuego

Ella aún vestía el rosado cuando su vientre dibujaba latidos,
asfixiada por el miedo, confundida y sin saberlo, perdida;
su alma merodeaba entre el vacío y sus sueños,
sueños que poco a poco se iban precipitando al olvido.
Ella le sonreía a la inocencia, la abrazaba como suya,
como su mayor fuente y a veces fortuna,
se aferró a su esencia a través del tiempo,
herencia sensata, obsequio a su mayor tribuna.

Quizás cuales fueron las promesas que divagaron en su alma,
quizás con que frases le arrebataron el miedo,
nada de eso fue concreto, nada de eso fue cierto,
histeria a las mentiras, horror al silencio.
Quizás donde ocultó sus sueños, del mezquino pensamiento,
lejos de sí, lejos de quien le condenara al temor y al encierro,
quizás los escondió bajo los escombros que habitaron su alma,
quizás los dibujó en las cenizas de su último fuego.

Ella no dormía mientras todos lo hacían,
tiembla su alma, presa del desasosiego, de los garrotes y del silencio,
nada ni nadie pudo navegar por sus sombras,
aguas turbias por un río que estancaba sus días.
Ella intento lo que pocos hicieron,
el valor y la fortaleza cubrían sus miedos,
siniestras penumbras, intermitentes los deseos a la vida,
buscando un camino sin retorno, sin luz, sin miedos.

Hoy se aparece en sus sueños, quimera y es verbo,
mientras duerme, mientras ríe, mientras llora,
se abrazan, se unen, se sienten,
rio de esperanzas, caudal de ensueños.
Ella descansa y sonríe, fruto de su virtud y es su orgullo,
vive a través del andar de su fruto, brilla en sus ojos, brilla en su alma.
Descansa, porque jamás has muerto,
descansa, porque en la eternidad celebraran su reencuentro.

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