Detengámonos un momento

La rutina ya está de vuelta, marzo es el mes del azote financiero ya que hay que pagar infinidad de obligaciones, algunas de estas tomadas sin que nadie te haya forzado pero que al momento de meter la mano al bolsillo, surge más de un lamento y/o arrepentimiento, pero como dije antes, la rutina está de vuelta y por ende más vale enfrentar con valentía a este hostil mes del año y olvidarse de aquellos asados o carretes que en las siguientes semanas deberán esperar hasta recuperar el aliento monetario.
Pero detengámonos un momento, la vida va demasiado rápido, el tiempo no perdona y como la rutina ya está de vuelta nos hace olvidar lo bien que lo hemos pasado, sí! lo hemos pasado bien, hemos tenido gratos momentos, días de fiestas como la navidad y el año nuevo, fines de semana al aire libre y las tan esperadas vacaciones.  En esto último deseo detenerme, -en la vacaciones, son y serán especiales sobre todo cuando por razones inútiles hay períodos en las que las pasamos de largo y nos quedamos en la ciudad pulsando el control remoto de la TV o encendiendo el computador para ver cuanta brutalidad nos presenta la formidable web.
Hace tan sólo unas semanas estábamos mi hijo, mi…(chuta que difícil decirlo, bueno mi ex novia, si quiere más información de esto último lea el post anterior) continuo: estábamos mi hijo (Bruno), mí en ese entonces novia (Clara) y yo veraneando en el sur de Chile, para ser más específico en Licán Ray.  Partimos la mañana (casi madrugada) de un martes, Bruno fue el encargado de darnos víveres ya que junto a él, en el asiento de atrás llevábamos un cooler con bebidas frías, sándwiches, galletas, etcétera, fue un viaje tranquilo y sin novedades al menos para mí, aunque sé y por eso la connotación es que para Bruno era un viaje especial, su primer viaje por aquellos preciosos lugares.
A través de estas líneas trataré de plasmar brevemente los mejores momentos de estas vacaciones.
Algo llamativo fue el clima, saliendo de Santiago con 33°C y luego en la novena región nos recibe una suave lluvia, nada que nos quitará el ánimo y menos que nos encerrará en la casa arrendada, nada que nos impidiera recorrer la zona y disfrutar de su hermoso paisaje. De hecho es placentero el nado bajo la lluvia, sumergido en las tibias aguas del lago Calafquen y es mejor aún cuando cae la noche; que romántica es la lluvia torrentosa por las noches, esa lluvia que parece más bien el desborde de un río bajo el techo que cubre tu hogar.
Bruno es un niño valiente con ganas de ser adulto, pero niño a pesar de su esfuerzo por no serlo, nos organizamos y los tres pudimos anotarnos para hacer rafting, el descenso por el río Trancura ofrece una experiencia maravillosa, de mucha adrenalina y emoción, de mucho paisaje verde y de constante agua sacudiendo tu cuerpo.  Imagino lo entretenido que debió ser para él, imagino como aún se cachiporrea diciéndoselo a sus amigos y por sobre todo a sus amiguitas del colegio.
El día previo al rafting estuvimos relajados en las termas, todo placentero y tranquilo, desde las piscinas de agua tibia hasta el almuerzo con vista al volcán Villarrica.
Los últimos días fuimos invitados a la “casita del lago” de unos amigos y ahí se extendieron las aventuras dado que el dueño de casa es un Max Steel fanático de los deportes extremos.  Kayak hasta que los brazos se cansaban de remar, velero cuando el clima lo permitió, Bruno y yo intentamos hacer wakeboard sin mucho resultado, creo que entre los dos nos tragamos una gran parte del lago, lo que en esos momentos no fue para nada gracioso, hoy me río.
Detengámonos un momento y disfrutemos lo que hacemos, detengámonos y saboreemos el recuerdo de los gratos instantes, momentos de culto, momentos para el recuerdo eterno, detengámonos un momento y regalémonos tiempo, obsequiémonos aventuras, distingamos la rutina de la libertad, la libertad de salir a la calle, a un cerro o a contemplar el océano, de caminar sin sentido ni dirección, detengámonos un segundo, dediquémosle tiempo a nuestro espíritu, otorguesmole tiempo a los amigos y en especial a la familia.
Etiqueto esta experiencia como un momento de culto, vacaciones plagadas de sentimiento que quedarán en la memoria de quienes ahí estuvimos.

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