¿Podremos ser una sociedad más justa?

¿Podremos ser una sociedad más justa?
Esta es una pregunta que a diario aparece en mi reflexión, en duda, es parte de mis miedos. Deseo que haya un encuentro social, con respuestas efectivas y honestas de parte de las autoridades, y con el compromiso total de un país que más allá de las ideologías y las demandas compartidas, parece cada vez más dividido.

La clase política que suele adoptar posiciones malintencionadas tiene mucho que ver en esta división, más preocupados de apuntar al bando contrario que de buscar soluciones efectivas, más interesadas en un beneficio político propio que en escuchar y atender las necesidades reales.

Pienso en el futuro, cuando las demandas ya habiendo sido atendidas, cuando gocemos de un pacto social que nos beneficie a todos, donde todos ganen, algo que es económicamente posible y debamos poner de nuestra parte para forjar el futuro que como personas, familias y sociedad tanto demandamos.

¿Podremos ser entonces una sociedad más justa?
Si hemos perdido centímetros e incluso metros de tolerancia, tolerancia que tanto costó recuperar después del quiebre ocurrido hace 46 años atrás; si hemos avalado la violencia como un medio para hacernos escuchar o en el mejor de los casos, como un neteo al daño provocado a nuestra geografía y sociedad.

No hay razones para la violencia, quién la avale es una persona violenta.

Por tanto, ser una sociedad más justa es algo que se nos pierde en un horizonte indeterminado, nos confunde en un sentido de igualdad, en demandas sociales vitales como una pensión digna, salud y educación de calidad, en un trato respetuoso y por sobre todo en oportunidades para desarrollarnos como personas y como país.

No seremos una sociedad más justa por el mero hecho de contar con respuestas a estas demandas, sino que es tan o más importante justo aquello que hemos ido perdiendo, me refiero a ese respeto que viene de la casa, de la formación en base a valores, de forjar con trabajo un futuro mejor, de cuidar lo propio y lo ajeno.

En el fondo llevamos rabia y frustraciones que a nivel personal no hemos logrado superar.  Mientras esto no sane, mientras no encontremos una razón de unidad total y de respeto recíproco estaremos al debe con la tan anhelada justicia social.

 

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