Los rivales más duros

A estas alturas de mi vida, mis rivales y yo nos conocemos bastante, nos hemos mirado a los ojos desafiándonos, nos hemos mofado el uno del otro, nos hemos enfrentado a momentos cruciales y también me han dado palizas silenciosas, me han acercado a la verguenza, al dolor y al llanto.

A estas alturas de mi vida, mis rivales y yo nos conocemos bastante, aunque debo presumir que hasta hace unos años atrás sus victorias eran más frecuentes, incluso por años -un tema recurrente, de nuevo la verguenza, de nuevo la mirada frente al espejo sintiendo su presencia.

Con el tiempo me he dado cuenta del poder de mis rivales, porque no sólo me han vencido a mi, sino que en más de una ocasión a gran parte de las personas que conozco. Entiendo su presencia y reconozo su poder.

A estas alturas de mi vida, mis rivales y yo nos conocemos bastante, ellos saben mi nombre y yo con el tiempo, he ido aprendiendo el de cada uno de ellos. Cada vez se me vuelve más sencillo reconocer su presencia, incluso he aprendido a percibirlos antes de tener que verlos a la cara.

Esos rivales, los rivales más duros viven a mis costillas, viven porque los he alimentado incluso con una dieta exagerada, viven porque les dí el espacio suficiente para impactar de una u otra forma en mi vida.

Quizás tu también te hayas enfrentado a ellos, al menos a mi el que más me molesta es uno que con su sola presencia me bloquea, se llama «miedo» y no da treguas. El que más me frustra e incluso me cambia el humor se llama «comodidad». Al que más detesto es uno bien callado y de bajo perfil, quizás has visto su sombra entrometiéndose por ahí, -¡te maldigo «flojera»!

A estas alturas de mi vida, mis rivales y yo nos conocemos bastante, han irrumpido en casi todos los aspectos de mi vida, sin embargo, a través de la bici es donde he podido conocerlos de manera más directa, es donde realmente he podido verlos cara a cara.

A estas alturas de mi vida, mis rivales y yo nos conocemos bastante, aunque su presencia parece eterna hoy por hoy les llevo la ventaja en batallas, tal vez algún día ya no me pesen y habré ganado la guerra. Mientras tanto, me declaro un campeón, por vencerlos cada vez que a pesar del frio, del cansancio o de gozar de una comodidad merecida, salgo a hacer mis deberes, mis entrenamientos arriba de la bici, a superar mis puntos débiles, a ser mejor deportista que ayer y sin duda, es que vencerlos en cada batalla me vuelve una mejor persona.

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